19/11/2007

La dominación del espíritu

ATENEO DE MADRID
19 de diciembre de 2002
ESPÍRITU: PENSAMIENTO Y PALABRA

LA DOMINACIÓN DEL ESPÍRITU
Por ISIDRO-JUAN PALACIOS

  

¿Cuándo el espíritu empieza a morir?

Para los griegos, los dioses y los hombres no se diferenciaban por la inmortalidad del espíritu o del alma, sino por la inmoralidad del cuerpo. Los primeros no morían, mientras que los segundos sí. La vitalidad, que residía en el cuerpo, se iba y languidecía en los hombres.

El imposible ideal pagano de sobrevivir después de la muerte lo quiso resolver el cristianismo, entre otros, con la resurrección de la carne. Pues el espíritu sobrevive, mientras que el cuerpo… He aquí el dilema.

El error del dilema es plantear esa disyuntiva, esto es, la dicotomía del cuerpo y el alma, de la materia y el espíritu. Pues, en efecto, el espíritu empieza a "morir" cuando distinguimos entre cosas "materiales" y "espirituales". Es una falsa disyuntiva, porque dentro del Ser, donde en realidad está todo, todo perdura, todo es. Permanece.

El problema, por consiguiente, reside en el cuándo el hombre comienza a ver semejante división y, lo que es aún peor, a enfrentarla.

 

El espíritu es la técnica

Dado que el espíritu no puede morir y, de hecho no muere, la cuestión para mi se plantea de otra manera. No deberíamos hablar tanto de la muerte del espíritu como de su dominación por el hombre. De eso es de lo que deberíamos hablar ahora, de los intentos que hace el hombre desde antiguo por dominar el espíritu y, doblegándolo en apariencia, intentar ponerlo al servicio de sus exclusivos y malsanos intereses.

Que no debemos distinguir entre "materiales" y "espirituales" lo pone de manifiesto el dato de que por doquier hasta las cosas llamadas materiales tienen vida propia. Se realizan a sí mismas, conforme a su ser dado desde el principio, sin que nada ajeno o externo a ellas intervenga. Así el agua, la espiga de trigo, la hierba o la encina. Antes de que el mundo conociera al hombre, aquél ya se hacía y era sin él.

La causa por la que las cosas o los seres se hacen se ha detectado desde antiguo. Ha recibido diversos nombres. Está ahí. Las cosas tienen en sí, inherentes, un algo que las realiza. Unos la han llamado: "fuego", "energía", "lumen naturae", "poder" o "soberanía"; otros: "alma", "espíritu" o, simplemente, "técnica".

La técnica es el espíritu de las cosas que las despliega tal como ellas son por naturaleza. Evidentemente, ni el espíritu, ni la técnica son algo malo, sino, por el contrario, la cualidad que identifica y desenvuelve la realidad de esas mismas cosas o seres, conforme a su bondad. Pues el bien es el ser que tenemos y la bondad es su acción en el mundo.

 

Cuando se inicia el desastre

Mientras el ser humano sigue dentro del mundo, la vida es armónica; pero cuando el hombre quiere salir de él, comienza a distinguirse del mundo, y lo observa como un objeto donde suceden cosas distintas a él, ajenas, es entonces cuando nace la causa de todos los problemas que padecemos.

Entre el 13.000 y el 10.000 antes de Cristo, el hombre comenzó a observar el mundo como algo dual, diferente o distanciado, y pensó: ¿y si yo dominara los ciclos vitales y me apropiara de ellos, los domesticara? Todo podría ser de otra manera. Hasta ese momento los hombres, como las plantas y los animales, dependían del mundo. Estaban a su merced, a la merced de una madre que alimenta a sus hijos de sí misma, los cuida, los protege, los alivia y los entierra. Los tiene siempre consigo.

El ser humano que pensaba en términos dominantes seguía también dependiendo del mundo, aunque pronto esgrimiría frente a él una relación muy diferente. En este instante, muchos hombres se separan de las plantas, de los animales y de otros muchos de sus semejantes que seguirían fieles al modelo antiguo. Esta fue la primera revolución y la que daría entrada a todas las demás que luego han sido, y cuya causa justificativa anida en el manifiesto deseo, en el pensamiento y acción de cambiar el mundo.

Para dominarlo, tenía primero que apropiarse del mundo, acotarlo, hacerlo de su exclusividad. Una vez en la propiedad de las cosas, asumiría su domesticación, colocando todo bajo su mirada. Es entonces cuando nace la tecnología definida como la apropiación del espíritu de las cosas por la razón y el arte. Descubrir cómo funciona la técnica de los seres para, mediante su conocimiento, su disección y manipulación hacer con ellas y en ellas lo que el yo asaltante quisiera. Esta premisa alumbra la magia y desde ella y con ella (no hay que olvidarlo, aunque los científicos no quieran reconocerlo) se introduce su heredera la ciencia y sus aplicaciones prácticas: la tecnología de la vida. Nuestro ahora.

Desde ese sobrecogimiento, desde ese asombro, el mundo dejó de ser salvaje, libre (cada cosa realizándose con fidelidad a su ser y ofreciendo sus productos a los demás seres), y se desencadena su calvario hacia la destrucción por el dominio de la técnica. Ha empezado la era de la domesticación. De esta responsabilidad, que únicamente cabe al hombre moderno, que ya naciera como se ha dicho hace diez o trece mil años, no hace unos pocos siglos como engañosamente se cree; de tal crimen contra la vida únicamente se salvan los pueblos que, desde antiguo y a lo largo de los siglos, no han querido sumarse, ni asimilarse, manteniéndose salvajes con su resistencia a la incorporación; y, con ellos, los caballeros andantes y los monjes de todas las culturas, de todas las religiones.

Es aquí, en el punto de partida del proceso, cuando surge la dialéctica, al tener el rebelde la necesidad de desmenuzar y seccionar las cosas para su apropiación. Separándose del mundo y seccionándolo, separa y escinde cielo y tierra, materia y espíritu, cuerpo y alma, divino y humano, luces y sombras, nosotros y ellos, yo y tú…

Sabe este nuevo hombre qué es la materia, pues la toca y la devora, pero, se pregunta: ¿qué es el espíritu o la técnica que la realiza y la hace ser lo que es? Eso es lo que hay que conseguir dominar. Entonces seremos "como dioses". Matizo e insisto: no dioses, sino "como" dioses.

 

Devoramos el mundo

Se ha puesto en marcha el vértigo. La tecnología succiona el mundo. El hombre se apropia de los seres extrayéndoles su soberanía, su espíritu. Sacando todo hacia las periferias, inaugurando la era de lo público, del espectáculo y la información a toda costa. Porque conocer es poder. Nace la agricultura, la era de los metales, el mercado, la política, la investigación... por el progreso y la existencia más cómoda y pertrechada.

Un cambio de paradigma tal que enseguida agita el mundo. Brotan los desequilibrios en la riqueza disponible y acumulada, y eso mete la guerra incesante en el mundo como un mal endémico. Al principio imperceptibles, las consecuencias de la mudanza acometida por acá o por allá, el viejo don apacible se tambalea hasta llegar a desaparecer a media que progresa la agitación. Ya no sabemos lo que significa vivir en paz. Y estamos expuestos a todo.

Estamos ya fuera, en el exterior y en medio del saqueo del mundo. La dialéctica naciente enseguida se reconstituye en el mismo proceso que ha liberado. La apropiación ha inventado una nueva polaridad entre riqueza y pobreza que antes de ella no existía. Todos éramos igualmente pobres o igualmente ricos en un orbe que ofrecía su abundante generosidad. De la apropiación y la acumulación vivieron las guerras permanentes, que no nos abandonan desde hace, más o menos, once mil años; llegaron la esclavitud y todas las revoluciones que la ambición humana ha encendido; revoluciones no sólo políticas, sino también religiosas, que en la existencia posterior han sido hasta nuestros días. El daño es imparable desde que la impostura naciera.

Es en este proceso, que acabo de desplegar apresuradamente, donde se dan cita todas las crueldades.


¿Cómo se puede recuperar el espíritu?

Basta con desandar todo el proceso con un gesto en el presente para deshacer la adversidad expandida. Volviendo a la unidad primera y no saliendo del mundo, sino permaneciendo en él o "volviendo" a él. Al primer espacio: la Naturaleza; a la primitiva fiesta, el día y la noche; a la oración continua, esa que se realiza viviendo o muriendo, ininterrumpidamente, ya hagamos lo que hagamos, ya durmamos, ha hablemos, ya comamos, ya recemos, porque estamos en el Ser y somos del Ser. No tenemos un ser, es el Ser quien nos contiene; no poseemos un espíritu, vivimos en el seno del Espíritu. Nada en la naturaleza deja de ser lo que es para hacer lo que hace. Sólo el hombre que ha salido de la naturaleza deja de ser lo que es. Y así, si tiene que hacer oración va al templo y si quiere dejar la oración sale del templo; si quiere trabajar va al trabajo, si quiere dejar de trabajar sale del trabajo; si quiere una diversión sale y la busca hasta que la encuentra "fuera"… Deja muchas veces de ser para estar en diferentes lugares y ser de modos distintos. Tal es la vida partida que ahora experimentamos.

 

Por último, ¿qué espíritu hay que recuperar?

La tarea, por tanto, viene sola: ¿qué espíritu hay que recuperar? Es el espíritu que vuelve al Ser, a ser en el Ser. Cada uno según su naturaleza. La hierba siendo hierba, el lobo, lobo; el hombre, hombre. Múltiples formas tiene el Ser de ser. Cada cual tiene la suya. La tarea consiste en permanecer en ella o recuperarla si ésta se ha perdido.

Para buscarse la propia, los monjes salen de la ciudad y vuelven al mundo, al primitivo seno de la creación, a lo más recóndito y salvaje, indomesticado, si es posible, aún no tocado o machado por la ambición humana; y allí, en la soledad no civilizada y donde el bullir del mercado no llega, descubren su ser… en el Ser.

No llevan nada, ni siquiera un nombre. Nada. Se entregan confiantes como niños que no temen nada. Vuelven así a ser como siempre fue la humanidad primera. Sin necesidades, sin atributos, sin pretensiones… a merced. Sencillamente, porque lo tenían y lo eran todo en el Ser.

19/11/2007 02:11 Autor: paganismo. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

13/09/2007

Del paganismo al cristianismo

Por Blithert.



Introducción

Antes de entrar en materia conviene definir lo que significa la palabra paganismo: paganismo y pagano son palabras que provienen del latín "paganus" que era el término que designa a una persona que residía en el campo o simplemente campesino. Es una referencia a una época en que los cultos urbanos del imperio (especialmente en las clases altas) se establecían como la nueva religión oficial, dándole así un caracter 'snob' a la espiritualidad del imperio, mientras que las personas del campo continuaban con los viejos ritos. Los cristianos urbanos de Roma utilizaban este término de forma peyorativa haciendo alusión a las religiones de los campesinos, lo cual hizo que con el tiempo adquiriese un nuevo significado, es decir "hombre sin Dios", ya que según ellos su religión 'snob' era la única religión valedera.


Paleopaganismo

El padre de lo que hoy día se llama paganismo es el paleopaganismo el cual se inició en la edad de piedra como culto a Vanir, la diosa madre del chamanismo, con el tiempo este culto fue evolucionando en cultos a la fertilidad (en todas sus formas) y culto a los dioses de la caza. A comienzos de la edad de bronce aparece la escritura y de esa forma comienzan a registrarse los eventos y costumbres religiosas. En la época de mayor esplendor de esta edad comienza la adoración al sol y con ella la construcción de monumentos megalíticos cuyo símbolo mas representativo es el Stonehenge, hecho por tribus adoradoras del vaso.


Los Celtas


Llegada la edad de hierro los pueblos celtas impusieron su autoridad y sus cultos se fundieron con los cultos de los pueblos sometidos que usaban el bronce, y como resultado aparecen las civilizaciones nórdicas con adoraciones de héroes divinizados (Wothan, Thunder, Sigfried) continua la adoración de dioses y diosas antiguos de la fertilidad y un sinnúmero de personajes y deidades mágicas tales como elfos, gnomos, duendes, hadas, ninfas y Banshees que inspiraron montones de libros de historias y poesía. Es en esta época en que aparecen los runas aunque no fue sino hasta iniciada la edad media que estos tuvieron un gran apogeo; según estos Runas "la Tierra es un organismo vivo, toda vida en el Universo es atravesada por la energía creadora de la Fuerza de Vida y que todo lo que existe es parte de una unidad mayor", "la Tierra no es un cuerpo muerto, pero está habitada por los espíritus que constituye su vida y alma. Todas las cosas existen drenando su fuerza del espíritu de  la Tierra. Este espíritu es la vida, es alimentado por las estrellas y alimentan las cosas vivas que abriga en su vientre". Esto era algo que la gran mayoría de las religiones de esta región compartía en común. Sin duda esta fue una de las épocas mas grandiosas de las religiones nativas de Europa.


La Ocupación Romana

A comienzos del siglo I A.C llegan los romanos a ocupar gran parte de Europa y con ella introducen sus cultos de dioses épicos post-griegos junto con toda su literatura; a pesar de su poder de dominio los romanos toleraron las religiones ya existentes en estas regiones, e incluso permitieron abrir templos de ellas en la propia Roma según se iban estableciendo en la metrópoli representantes de las diferentes regiones conquistadas.


El Cristianismo

La aparición de la secta cristiana ocurriría aproximadamente un siglo mas tarde y con ella comenzaría su persecusión por parte de las autoridades, no solo romanos, sino también de otros grupos políticos y religiosos de la época, ya que consideraban peligrosa una religión que se decía a si misma la poseedora de la verdad absoluta y que miraba a las demás religiones como equivocadas (mitos) y sin derecho a ser practicadas. A medida que el imperio se hacía mas débil y corrupto el cristianismo cobraba mayor influencia en este y pasa de ser una secta a una religión organizada, finalmente con el ascenso de Constantino al trono del imperio dicha religión se convierte en la oficial del imperio, lo cual contribuye a agravar aun mas la crisis del Imperio; para cuando el emperador Juliano se da cuenta de la situación ya es demasiado tarde como para que sus acciones surtan efecto, y por el contrario es asesinado (por un devoto cristiano) por intentar restaurar los antiguos cultos paganos.  Finalmente El Imperio Romano se viene abajo y es invadido por una sucesión de pueblos de origen germano en su mayoría considerados bárbaros, los cuales, gracias a la astucia de los jerarcas cristianos, son convertidos a la religión cristiana, de esta forma se logra conservar el cristianismo como religión oficial en las regiones de Europa que antes pertenecían al imperio, mientras que las regiones limítrofes conservaban sus cultos nativos.

El caso de Britania es un caso particular digno de ser analizado aparte ya que esta región, al ser abandonada por las legiones de Roma a comienzos de la edad media, es invadida por los anglos y sajones, y estos en lugar de asimilarse a la cultura de los locales incluida su religión, decidieron conservar sus propias creencias. La visión que la historia actual tiene de estos pueblos invadiendo a Britania es la de bárbaros groseros, que saquearon y que robaban en el camino de Inglaterra, durante unos de los periodos más negros de la historia inglesa. La verdad, como se acostumbra a conocer con los relatos modernos sobre los pueblos paganos, es un poco diferente. A través de investigaciones históricas y excavaciones arqueológicas reveló recientemente que los vikingos era un pueblo civilizado y de cultura, que no merecían la imagen sanguinaria dada por las películas y novelas sensacionalistas de Judiwood. Su orfrebería era una de las mejores en talento y creatividad artística. Excavaciones recientes en York muestran que los Vikingos eran mercaderes de los mundos antiguos. Fueron desenterrados largas filas de lonjas, donde mercaderes de todo el continente llegaban a intercambiar mercaderías y comerciar con lana, metales preciosos y armas. 

Inglaterra anglosajona y escandinava, en general se ve por los historiadores como un país bárbaro, corrupto. Los sajones eran capaces de ejecutar trabajos artísticos excelentes, entre los cuales encontramos el famoso broche de Kingston, descubierto en Kent. Fechado en el siglo VII, consiste en un diseño concéntrico, con una cruz en relieve decorada con discos y botones, también en relieve. En el fueron bañados en oro, granate, vidrio azul y conchas marinas blancas. Ese broche es un verdadero ejemplo de artesanía sajona en prueba de la mentira proclamada por aquellos que denominan los periodos sajones y escandinavo de la historia de Inglaterra como una edad oscura. La verdadera edad oscura ocurrió cuando el Cristianismo tuvo su gran apogeo, tanto territorial y político, principalmente durante el negro periodo de la "Santa Inquisición" Por los hechos históricos de actuación, podemos concluir que la Iglesia Cristiana, de Carácter Dogmática, está en contra de los Libres Pensadores. Se habla de los enormes perjuicios causados por el desarrollo tecnológico y medicinal de la ciencia.


Absorción del Paganismo


En nuestro estudio de las runas, debemos nombrar también que la transición de la práctica de la antigua religión pagana de la conversión al cristianismo fue mucho más larga de lo que los historiadores ortodoxos y los teólogos nos acreditan. Ciertamente no bastó simplemente con agitar una barita mágica para todo el mundo se convirtiera en cristiano de la noche a la mañana, como sugieren muchos libros de historia oficial. Sin embargo la aristocracia apuesta, por estar convencida del poder político ofrecido, por la nueva religión. Los campesinos que eran los verdaderos paganos rehusaron a aceptar a los ensimismados venidos de Oriente, aferrándose tenazmente a sus antiguas creencias. Percibiendo esto, los sacerdotes cristianos (muy astutos ellos) adaptaron estas creencias en sus dogmas religiosos y eficazmente las anularon por la absorción; ritos como el halloween, Santa Claus e incluso la misma navidad tienen sus orígenes netamente paganos.

Algunos runas aceptaron alegremente a Jesús, como otro aspecto de Odin. Al final, el nuevo dios también fue colgado en un árbol y ritualmente murió por los pecados de su tribu. Este eterno motivo era comprendido por todos los pueblos paganos, que conocían el sacrificio del rey divino, que murió para fertilizar la tierra con su sangre. Por tanto, no necesitarán también de aceptar a lo divino del rey judío: María, como el otro aspecto de la Gran Diosa. comienza así el período de la Fe Doble.


Dos Religiones en Una


Durante el periodo de la Fe Doble, al final del siglo XI y después del XII, las runas se convirtieron en un alfabeto místico usado para descubrir la vida de Jesús y sus discípulos. Un ejemplo clásico es la Cruz Ruthwel, encontrada en un cementerio de la Iglesia, en Dumfries, con inscripciones rúnicas que cuentan la historia de la crucifixión, mezcladas con símbolos paganos, estos como pájaros, otros animales y flores silvestres. También está incluida la cena del nacimiento, la fuga de María y José hacia Egipto, la sanación de un hombre ciego por el Nazareno y María Magdalena lavando sus pies. Sobre la caja hecha
para Sta Cuthbert, en 698, runas y letras romanas se usaron de lado a lado. En el caso de las runas, estas fueron empleadas especialmente para los nombres de Jesús y los cuatro apóstoles: Mateo, Marco, Lucas y Juan. Eso demuestra la subsistencia de la práctica precristiana del uso de las runas para los nombres sagrados de los dioses. Las runas fueron encontradas en inscripciones hechas en el túmulo de un santo cristiano del siglo VII, o que demuestra que su poder mágico no diminuyó con la llegada de la nueva religión. 

Las oraciones cristianas frecuentemente usaron encantamientos paganos alterando a penas los nombres de los antiguos dioses paganos por aquellos santos y apóstoles. Los folcloristas Alexander Carmichael (1832-1912) pasaron la vida coleccionando oraciones gaélicas en uso en las tierras de la alta Escocia y en las Islas Hébridas. Muchas constituyen encantamientos paganos poco disfrazado para obtener buenas cosechas o para consagrar las semillas. Así como se invocaba a Jesús y los santos, esas oraciones también invocaban a Sta Brigida, que es una versión cristianizada de la diosa céltica de los fuegos sagrados y manantiales santos, Bridget. Ejemplos de tales oraciones pueden ser encontradas en los libros de Carmichael " The Sun Dances (Las danzas Solarers)" Floris Books, Edimburgo.

Comienzan los tiempos oscuros


"The Burning Times" es el nombre usado por muchas Brujas modernas paganas para la era de la Inquisición, y de otras cazas de brujas (Incluido Salem) que surgirá de ésta. Durante esta época, muchas mujeres y hombres fueron perseguidos por las prácticas opuestas a la Iglesia, especialmente brujería. El Malleus Maleficarum fue una guía de cómo torturar brujas acusadas obligando a confesión de cualquier cosa que de la cual estuviesen acusadas. A esa altura de la persecución, ciudades enteras fueron sometidas al proceso, y hasta ese día, ninguno sabe ciertamente cuantas personas fueron brutalmente asesinadas durante esta locura.

Como en muchos de los casos, este horror surgió del miedo, la ignorancia y de informaciones incorrectas. La mayoría de las personas que fueron capturadas, torturadas y matadas no eran brujos (o brujas) de cualquier formas, simplemente personas que estaban en el lugar incorrecto de alguien que estaba sobre los olvidos del magistrado local, o alguien que no encajaba en la sociedad (Particularmente mujeres maravillosas o feas, o personas que fueron ricas y prósperas, o que fueron propietarios de tierras, los locos o retardados, y también personas que fueron excepcionalmente inteligentes fueron todos los ejemplos de aquellos que fueron las víctimas principales de esta persecución) Se calcula que en cuatrocientos años que se continuará, cerca de nueve millones de hombres, mujeres y niños morirán para satisfacer la loca venganza de la Iglesia contra los paganos. Muchos inocentes morirán en la horca o en la pira. (Este es el famoso "Amor" Cristiano) Dentro de torturas terribles (Arrancando los ojos, torciendo los pulgares, ruedas de tortura), muchos prefirieron una falsa confesión y, por tanto, una muerte rápida a la larga agonía de la inquisición. 

Los resultados de todo el proceso fue la condena a las runas como símbolo de magia negra. En términos de la Edad Media, el conocimiento rúnico fue ampliamente disipado. La palabra runa degeneró y pasó a significar cualquier palabra o símbolo mágico usado en encantamientos. Fue apenas en el fin del siglo XIX que las runas reaparecieron en la consciencia pública, resultado de investigaciones por ocultistas germánicos, tentados por revivir el paganismo teutónico y escandinavo. Ya en Islandia, la historia relata que sus gobernantes tuvieron que tomar una decisión amarga. Sobre la presión política de la Europa Cristiana (Que consistía en un embargo económico tomando la amenaza de una guerra genocida liderada por el rey cristiano "Santo" Olaf, el Gordo), y encarado la necesidad del comercio, el Althing (Las decisiones del Estado eran determinadas por una asamblea de los islandeses en una democracia de verdad, no como las falsas democracias "show" en las que vivimos) se declaró Islandia como un país oficialmente cristiano.


La Paradoja Inquisitiva


Durante la fusión de creencias paganas ilustra la lucha en Inglaterra anglosajona, entre fieles rivales. Fue una batalla de mentes, almas y corazones, que ocurría en las cabañas de los campos para los palacios reales, que reivindicaban la descendencia de Wotan. Tal lucha terminó de modo sangriento, pues después de que la Iglesia alcanzó el poder político, suprimió a los "herejes" de sus cuadros y expulsó de sus reinos a aquellos descendientes, que decidieron seguir una vida espiritual diferente. La desgracia es que para ser considerado un hereje de una religión, se necesita pertenecer primero a la religión en curso. Pero los cristianos, en su absoluta arrogancia, considera toda la humanidad como cristiana por defecto, que está al servicio de su dios que piensa que es único (monoteísta). Un hereje es un miembro de una religión que distorsiona las bases de esta para un fin o significado completamente en oposición a los ideales por las cuales fue fundada (arrianismo, maniqueismo,   reformismo). Un apóstata es aquel que deja una religión en pro de otra (el emperador Juliano). Ambos son considerados crímenes según el pensamiento cristiano cuya doctrina va en contra de la libertad de pensamiento. Los paganos mencionados en esta parte de la historia no pudieron ser acusados de ninguno de estos dos "crímenes" pues nunca fueron cristianos.


El Nuevo Renacer

Con algunos pocos siglos, los últimos, reapareció el Paganismo Nórdico, que en una época ocupó toda las religiones del Norte de Europa en donde estaba aparentemente muerto. Entre tanto Islandia (último bastión del paganismo) fue un país tolerante y los mitos, historias, y leyendas de las épocas paganas fueron libradas de las quemas y destrucción para ascender las llamas de la creencia en las generaciones siguientes. Sobre esto habla el famoso poeta, Sveinbjörn Beinteinsson. 

Islandia una vez más reconoció el Paganismo Nórdico como una religión legítima y legal. Una restauración de nuestra antigua fe es como un total florecer. Esta antigua religión pagana fue conocida como Ásatrú, una palabra del Nórdico Clásico que significa Troth (Truth) Lealtad a los Dioses, y Ásatrú modernos (en su versión purista y no en la de movimientos que han adoptado esta palabra) no es menos que el completo revivir de la antigua religión Pagana Nórdica.

13/09/2007 13:25 Autor: paganismo. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

Pasos hacia lo sagrado

Por Alain de Benoist

 

En los siglos quince y dieciséis, el Renacimiento fue genuinamente un re-nacimiento, un renacer. "Nos llevo," como dijo Ernest Renan, "a ver a la Antigüedad cara a cara." A pesar de que este renacer no fue un viaje al pasado o un simple regreso del pasado, sino al contrario un punto de partida para una nueva aventura espiritual, una nueva aventura del espíritu Fáustico, de aquí en adelante triunfante porque finalmente se ha despertado a sí mismo. Hoy el "neo-paganismo", igualmente, no es una regresión. Al contrario, es la elección deliberada de un futuro más auténtico, más armonioso, más poderoso--una opción que proyecta en el futuro, para las nuevas creaciones, lo Eterno desde donde nosotros venimos.

 

Si uno reconoce que algo es grande, Heidegger dice, "entonces al principio de esa grandeza hay todavía restos de algo mucho mas grande." El paganismo hoy requiere claramente, en primer lugar, una cierta familiaridad con las antiguas religiones Indo-europeas, su historia, su teología, su cosmogonía, su sistema simbólico, sus mitos y los mitemas de que forman parte de ellas--la familiaridad con el conocimiento, pero también la familiaridad espiritual; la familiaridad epistemológica, pero también la familiaridad intuitiva. El paganismo no sólo es una cuestión de acumular conocimientos sobre las creencias de las varias regiones de Europa, ni nosotros podemos ignorar los rasgos que les distinguen, a menudo profundamente. El paganismo también requiere, sobre todo, identificar la proyección de esas creencias, la transposición de un cierto número de valores que, como herederos de una cultura, nos pertenecen y están relacionados con nosotros directamente. (Esto, como consecuencia, nos lleva a reinterpretar la historia de los dos últimos milenios como la historia un gran combate espiritual).


Esta recuperación de las tradiciones paganas es una tarea considerable. No sólo las religiones de la vieja Europa no cedieron nada al monoteísmo en su riqueza o su complejidad espiritual y teológica, sino que nosotros incluso podemos decir que en este terreno ellas prevalecieron a menudo. La cuestión mas importante no es si las religiones paganas son mas ricas y mas complejas que el monoteísmo. Lo que es importante es que ellas nos hablan sobre nosotros, y yo por mi parte aprendo mas lecciones del contraste simbólico de Jano y Vesta, comprendo mas sobre la ética de Oresteia o del cuento sobre de la desmembración de Ymir, que de las aventuras de José y sus hermanos o de la historia del intento de asesinado de Isaías.


Más allá de la simple observación de los mitos, es aconsejable buscar alguna concepción de la divinidad y de lo sagrado, algún sistema de interpretación del mundo, alguna filosofía interna en ellos. Porque incluso declarar la inexistencia de Dios, como Bernard-Henri Lévy hace, presupone un monoteísmo implícito. Nuestra época todavía permanece profundamente Judeo-cristiana en la forma cómo concibe la historia y en los valores esenciales que asume, aunque las iglesias y las sinagogas estén vacías. Recíprocamente, un pagano no necesita creer literalmente en Júpiter o Wotan, aunque eso no seria más ridículo que una creencia literal en Jehovah. El paganismo contemporáneo no consiste en erigir altares a Apolo o reavivar el culto de Odin. Implica mirar mas allá de las formas de la religión, y de acuerdo a un procedimiento tradicional, buscar el "equipo mental" del cual la religión es el producto, el universo interior que refleja, la forma de entender el mundo que denota. En pocas palabras, implica considerar a los Dioses como "centros de valores" (H. Richard Niebuhr) y los credos de los cuales son objeto como sistemas de valores. Los dioses y los credos pueden ser olvidados, pero los valores permanecen.


Es decir que el paganismo, lejos de caracterizarse por un rechazo de la espiritualidad o un rechazo de lo sagrado, consiste al contrario en la elección (y la reapropiación) de otra espiritualidad, de otra forma de lo sagrado. Lejos ser confundido con el ateísmo o el agnosticismo, interpone, entre el hombre y el universo, una relación fundamentalmente religiosa que en su calidad espiritual nos parece mucho más intensa, más seria, más fuerte que el monoteísmo Judeo-cristiano. Lejos de desacralizar el mundo, lo sacraliza en el sentido literal del termino, ya que le considera sagrado, y es precisamente esto lo que es pagano. Así, como Jean Markale escribe, "el paganismo no es igual a la ausencia de Dios, la ausencia de lo sagrado, la ausencia del ritual. Al contrario, es la afirmación solemne de la trascendencia, la cual comienza con el reconocimiento de que lo sagrado ya no reside mas en el Cristianismo. Europa nunca ha sido mas pagana que cuando mira sus orígenes, los cuales no son Judeo-Cristianos."


La espiritualidad, el sentido de lo sagrado, la fe, la creencia en la existencia de Dios, la religión como ideología, religión como sistema y como institución--todas son nociones muy diferentes y necesariamente no se interceptan, y no son inequívocas. Hay religiones que no tienen ningún Dios (el Taoísmo, por ejemplo); la creencia en Dios no necesariamente implica la creencia en un Dios personal. Por otro lado, imaginar que todas las preocupaciones religiosas pudieran desaparecer permanentemente de la humanidad es, en nuestros ojos, pura fantasía. La fe no es ni represión ni ilusión, y la razón humana lo mejor que puede hacer es reconocer que la razón sola no es suficiente satisfacer todas las aspiraciones internas de los hombres. Como Schopenhauer observa: El hombre es el único ser que es atemorizado por su propia existencia; un animal bruto que cuando vive en la tranquilidad es atemorizado por la nada... Este temor que ocurre sobre todo ante la muerte y luego de la observación de la destrucción y desaparición de todos los otros seres, es la fuente de nuestras necesidades metafísicas; debido a esto el hombre es un animal metafísico." La necesidad de lo sagrado es una necesidad humana fundamental, de la misma manera como la comida o la copulación. Mircea Eliade nota que "la experiencia de lo sagrado es una estructura de la conciencia", sin la cuál uno no podría hacer nada. El hombre necesita alguna creencia o alguna religión--distinguimos aquí la religión de la ética--como ritual, como acciones que le confortan por su regularidad invariable, mientras que forma parte de los modelos habituales por los cuales él es construido. En este respecto, la reciente aparición del ateísmo está entre esos fenómenos de decadencia que están destructurando al Hombre de lo que le hace distintamente humano. ( ¿El hombre que ha perdido la capacidad o el deseo de creer todavía es un Hombre? Al menos uno puede proponer la pregunta.)


"Es posible", Régis Debray escribe, "tener una sociedad sin Dios; no es posible tener una sociedad sin religión." Él agrega: "Los Estados donde el escepticismo predomina van camino a la disolución." Los comentarios de George Bataille también son pertinentes: "La religión, cuya esencia es la búsqueda de una intimidad perdida, es esencialmente un esfuerzo de la conciencia para ayudar al encuentro con uno mismo. " Esto es suficiente para condenar el liberalismo Occidental. Ciertamente le daríamos demasiado crédito al Judeo-Cristianismo si rechazamos todos los conceptos sobre los cuales mantiene un monopolio simplemente porque los ha tomado. No necesitamos desechar la idea de Dios o el concepto de lo sagrado debido a la forma enfermiza en que el Cristianismo los ha expresado, en el mismo sentido que no debemos romper con los principios aristocráticos solo porque han sido caricaturizados por la burguesía.


También debemos notar que en la antigüedad pre-Cristiana la palabra "ateísmo" prácticamente no tenia sentido. Los antiguos juicios por ofensas como "incredulidad" o "impiedad" estaban generalmente relacionados, en realidad, con otras ofensas. Cuando el historiador pagano Ammianus Marcellinus comentaba "que hay algunas personas para quienes el cielo está vacío de dioses", él especifica que ellos creen, no obstante, en la magia y en las estrellas. En Roma fueron los Cristianos quienes fueron acusados de "ateísmo", porque ellos no mostraban respeto a las imágenes de los dioses ni a los lugares de culto. En Grecia, el pensamiento racional se reorientó hacia la teogonía y la cosmología mítica. Por eso Claude Tresmontant, después de haber asemejado al panteísmo gratuitamente con el "ateísmo", escribe que el último es "sumamente religioso", que de hecho "es demasiado religioso, porque diviniza el universo." En la Europa antigua, lo sagrado no se concebía en oposición a lo profano, sino que abrazaba lo profano y le daba significando. No había necesidad de una Iglesia que mediara entre el hombre y Dios; la propia ciudad entera efectuaba esta mediación, y las instituciones religiosas sólo constituían un aspecto de ella. El antónimo conceptual del latín "religio" seria el verbo negligere. Ser religioso es ser responsable, no descuidado. Ser responsable es ser libre--para poseer los medios concretos para ejercer una libertad práctica. Ser libre también es, al mismo tiempo, estar conectado a otros a través de una espiritualidad común.

 

Cuando Lévy señala que el "monoteísmo no es un forma de sacralidad, ni una forma de espiritualidad, sino al contrario, el odio de lo sagrado como tal", su comentario sólo es aparentemente paradójico. Lo sagrado involucra el respeto incondicional por algo; aunque el monoteísmo, en un sentido literal, proscriba tal respeto, colocándolo fuera de la Ley. Para Heidegger, lo sagrado, das Heilige, es bastante distinto de la metafísica tradicional y de la misma idea de Dios. Nosotros decimos, para usar un antimonio favorecido por Emmanuel Lévinas que lo sagrado es como un misterio en este mundo, que esta basado en una intimidad entre el hombre y el mundo, en contraste con la santidad, que confía en la trascendencia radical de lo Otro. El Paganismo sacraliza y por eso exalta este mundo, mientras que el monoteísmo Judeo-cristiano lo santifica, y por eso lo rechaza y lo disminuye.

13/09/2007 13:21 Autor: paganismo. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

08/07/2007

Advertencia

Al no disponer de contenidos propios, de momento, nos vemos en la obligación de advertir que la publicación de un artículo no implica la plena aceptación de lo que en él se diga. Siempre se publicarán cuando se vean como desarrollo del verdadero paganismo, pero puede haber puntos de discordancia. En ese caso, se deja para la libre crítica del lector.

08/07/2007 07:59 Autor: paganismo. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

Los Cultos Angélicos y el Paganismo

Por Oscar Carlos Cortelezzi

 

 

Dioses y Ángeles:

 

Uno de los sincretismos menos afortunados que se han producido dentro de las tradiciones neopaganas, tiene que ver con los ángeles y otras entidades judeo-cristianas, consideradas como intermediarias entre la divinidad y el hombre.

 

Quienes aceptan como viable el hecho de que algunos "paganos" crean en los ángeles cristianos, aducen que, como estos últimos vienen a llenar el vacío generado por la creencia en un único dios y, además, tienen relación remota con los panteones antiguos, la mezcla o asimilación resulta natural. Sin embargo, tal "parentesco" con lo ancestral, no tiene que ver con los valores éticos, las nociones teológicas o metafísicas; ni tampoco con una visión general de la vida.

 

El Cristianismo, en la traumática evolución que sufrió durante el primer milenio, asimiló en gran medida la faz iconográfica y unos pocos atributos externos de los dioses, convirtiendo a estos en ángeles y santos imaginarios o bien trasladando dichas características a los héroes de su fe (1). No obstante, en el proceso, quito todo lo valioso y significativo de las nociones religiosas que, originalmente, les dieron forma.

 

Casi todas las culturas que desarrollaron religiones complejas y evolucionadas, concibieron en sus panteones y mitologías a seres definibles como deidades menores o subsidiarias. A veces, eran entidades inmortales que llevaban a cabo tareas de algún tipo en particular, dentro del devenir cósmico. Este hecho hace pensar en los ángeles cristianos, pero el parecido es solo externo o morfológico. Las cualidades y atributos teológicos de estos últimos son totalmente incompatibles con las creencias paganas fundamentales, por lo que no pueden ser absorbidos dentro de una tradición formal o un esquema de culto particular, sin caer en conflictos e incongruencias.

 

Es aceptado por la mayoría de los académicos que algunos de los atributos iconográficos y teológicos de los ángeles y seres análogos, son derivados de las características de los antiguos dioses. Hay consenso en la idea de que durante el destierro en Babilonia (2), los judíos asimilaron estas ideas de los nativos de la ciudad y sobre todo de los persas mazdeos, que estaban en contacto directo con ellos. También es probable que, ya dentro del Cristianismo, se dieran sincretismos con los dioses y seres mitológicos del Antiguo Egipto, en particular en el marco del contexto alejandrino (3).

 

Tales consideraciones, solo tienen un interés antropológico, no pueden ser causa de validación de los sistemas de creencias neopaganos que abordan a los ángeles como a entidades inherentes a su "fauna metafísica". Las mismas no implican que los ángeles sean equivalentes judeo-cristianos de los dioses, dado que en estos seres, la misma naturaleza divina ha desaparecido, al igual que todo tipo de regencia autónoma de alguna fuerza natural, aspecto de la vida humana o "reino". Está claro que los ángeles llegaron a ocupar, en parte (4), el vacío teológico y psicológico que produjo la desaparición del culto a los antiguos dioses, pero ello no presupone definirlos como sus equivalentes, sino como sus "herederos" en el ámbito de los mitos y la creencia popular de Occidente.

 

Incompatibilidades Teológicas:

 

En el A.T. y en la literatura apócrifa hebrea (5), los ángeles son seres ejecutores de las órdenes y la voluntad de Yãhwêh (6). En ningún caso, salvo cuando se vuelven sus adversarios -como ocurre con el mito de Satán (7) y sus huestes-, fomentan eventos por su cuenta o son promotores de acciones humanas por propia voluntad. Al contrario de lo anterior, los dioses del Paganismo, tienen sus propios planes para el Hombre, la Naturaleza y el Universo, así como también no suelen conjugar su voluntad con la de las demás deidades o con algún dios supremo, si es que existe dentro de la mitología inherente.

 

Según la teología cristiana los ángeles son seres incorpóreos, subordinados al [único] dios Padre con potestades concedidas por éste, como por ejemplo el carácter de "Mensajero" del Arcángel Gabriel -para cristianos y musulmanes (8)-. A la inversa, los dioses y entidades metafísicas del Paganismo poseen características definidas, son independientes y solo responden a otras divinidades en un status de igualdad. Cualquier subordinación a deidades superiores es circunstancial o bien relativa a su ámbito de acción (9), jamás constituye una condición permanente.

 

Se cree que los ángeles son seres uniformes, no se conocen varias clases (10) de ellos y menos aun diferencias individuales. Pese a los intentos de algunos teólogos y esotéricos por definir sus funciones y atributos basándose en los nombres con que se alude a ellos en los textos bíblicos, jamás existió consenso sobre el tema y menos aún, tales definiciones, se arraigaron en las creencias populares. Salvo por algunos con nombres propios citados en la literatura judeo-cristiana e islámica, en el contexto de las fábulas moralizadoras, siempre se habla de "coros", legiones o grupos de ángeles más que de individuos (11).

 

En el Paganismo, a veces los "espíritus" o entidades naturales -como los elfos o las hadas (12)- no tienen un nombre propio, pero siempre se trata de individuos específicos, protagonistas de un mito o episodio legendario. En dichas tradiciones, no se produce la "masificación". La misma se origina en la pretensión de que todos los seres son servidores de un ser supremo -idea refractaria al Paganismo.

 

Los ángeles son creados y limitados, siempre obedientes de la divinidad única y no poseen la prerrogativa de obrar por su cuenta o de generar fenómenos en el mundo material o espiritual. Al contrario, todos los tipos de entidades que conforman los "ecosistemas" metafísicos ancestrales son relativamente autónomas, independientes y con frecuencia anteceden a los grandes dioses.

 

Por otro lado, los dioses son increados, auto-creados o bien engendrados, nunca "creados" en serie por un demiurgo a la manera de una especie; son arquetípicos, poseyendo cada uno, una rica mitología y simbología; y jamás pueden ser englobados o uniformados de manera alguna. Si bien su poder tiene un límite cualitativo -cada uno ejerce cierto tipo de potestad sobre algún ámbito del Cosmos-, no tienen límite cuantitativo y no le deben obediencia a ningún otro ser. Más allá del respeto y el temor, que se supone, le tienen a los dioses "superiores" a ellos mismos (13), cada uno en su esfera de acción es omnipotente.

 

Cualquiera sea la concepción que las tradiciones monoteístas tengan de las jerarquías de seres celestiales, siempre se trata de estructuras rígidas, invariables y predecibles. Salvo por los mitos de "ángeles caídos", que por estarlo, perdieron todo interés a nivel del culto y son despreciados por los fieles en general, nada cambia en el esquema cósmico desde su creación.

 

Por el contrario, en el Paganismo, todos los roles y jerarquías son mutables, cambian y se renuevan según los ciclos y estadios. Los mitos y símbolos se reciclan en forma parecida a como ocurre en la Naturaleza con todas las formas de vida. El hecho de que se asuma la Evolución en vez de la Creación, llevada a cabo por algún dios supremo, presenta a los planos de existencia espiritual como "ecosistemas" evolucionando e interactuando constantemente (14).

 

Otro aspecto equívoco en la noción de los "ángeles", desde el punto de vista pagano, es que estos seres presentan cierta ingenuidad, obedecen las tradicionales "virtudes" (15), son "puros" y jamás transgreden las leyes de su dios. Incluso en los casos de los "ángeles caídos" el esquema es simplista y polar, al considerarlos la fuente del mal y detentadores de todos los vicios y errores. Esta característica maniquea (16), heredada a los judíos y luego a los cristianos desde el Mazdeísmo persa y más tarde por sincretismo con la doctrina de Mani (17), tampoco se condice con el naturalismo pagano y su noción de la inexistencia de un bien y un mal absolutos.

 

Por estas, entre otras razones, los "ángeles" no encajan ni en la idea de considerar a los dioses como entidades celestiales subsidiarias o "vasallas" de un dios supremo, ni con la noción de que "debajo de los dioses" están los ángeles y que son ellos los que interactúan con los mortales. Ambas creencias son improcedentes para el Paganismo.

 

La Magia y el Culto de los Ángeles:

 

Además de las incompatibilidades teológicas, hay que tener en cuenta que la tendencia de rendir culto a los ángeles tiene más que ver con los movimientos “new age” y cierto tipo de misticismo moderno, que con la teología y la tradición judeo-cristiana. Ni en el Judaísmo, ni en ninguna de las iglesias cristianas se acepta el culto a los ángeles. Al ser considerados "servidores de Dios", se los suele respetar y evocar, pero nunca adorar.

 

En las últimas décadas, se ha generado una especie de moda respecto del culto angélico y la misma ha llegado al paganismo "blando" de la mano de la New Age. Pese a esto, debería estar claro que no hay lugar para servidores de un dios único y autócrata en un culto donde se adoran -por antonomasia- a una pluralidad de deidades.

 

Algunas creencias relativas a los ángeles, pueden -si se las saca del contexto cristiano- ser abordadas por el Paganismo con cierta garantía de que, en realidad, se está redescubriendo un concepto ancestral, perdido o eclipsado por dicha religión. Tal es el caso de los "ángeles de la guarda", que tienen sus antecedentes en los "deamons" griegos -ver el ejemplo de Sócrates- y en el concepto alejandrino de la Teurgia -ver obras de Jámblico (18)-. Otro caso puede ser la idea de los ángeles encargados de preservar la Naturaleza y sus formas de vida, análogos a las formas espirituales celtas y nórdicas que cumplían la misma misión (19).

 

Pero de nuevo, surge el mismo problema: no tiene mayor sentido aludir a la versión reciclada, tergiversada y sincrética con creencias ajenas al Paganismo que ofrece la tradición judeo-cristiana, cuando está disponible la fuente original, más auténtica, profunda y coherente con el resto de las ideas ancestrales.

 

La creencia en ángeles, no es en sí misma opuesta a las bases del Paganismo, pero sí las implicaciones de aceptar la existencia de tales seres. Tal como se los presenta en la tradición judeo-cristiana, es opuesta al panteísmo y al politeísmo, que son puntos teológicos excluyentes para las tradiciones paganas. El culto a una raza de seres servidores de un dios monárquico, paternalista y unívoco no puede reconciliarse con la fe en una vastedad de deidades cósmicas -politeísmo- o bien, con la de una entidad trascendente -panteísmo-, que sin ser nada, lo es y compenetra todo.

 

Entre grupos ocultistas, es común la práctica de rituales invocando o evocando a los ángeles y entidades similares. Con frecuencia, se centra la atención en los nombres de arcángeles aportados por la Biblia y los libros apócrifos, así como también de la tradición cabalística hebrea. Este tipo de magia es incongruente con la misma tradición judeo-cristiana, ya que universalmente se postula que los ángeles son servidores de la divinidad e incapaces de llevar a cabo actos por propia cuenta. Según esto, carecen de la capacidad de ayudar al hombre y propiciar sus deseos de manera inconsulta respecto de su "dios y señor", por lo que la magia "angélica" resulta en un paso intermedio que se puede omitir, dado que siempre se terminará enfocando la cuestión en la divinidad -para el caso, en el dios bíblico-.

 

Para los paganos, la falta de lógica de este tipo de creencias es aún mayor. Resulta absurdo recurrir a entidades encargadas de hacer cumplir la voluntad del dios bíblico, ya que la magia es en sí un acto de desafío para el mismo (20). La magia es una suerte de reclamo o bien un intercambio con las entidades espirituales, no es compatible con el culto a un ser divino que reclama absoluta sumisión y obediencia, ni con quienes se encargan de mantener tal estado de cosas. No todos los rituales paganos están enfocados en la magia y no todo acto mágico se enmarca en los panteones divinos, pero cuando esto ocurre, el intercambio se da con naturalidad, sin temor o sumisión, sino con un sentido de armonía y pertenencia. Esto no ocurre ni puede ocurrir jamás en las formas de culto judeo-cristianas, por lo que cualquier "magia angélica" queda fuera del contexto pagano e incluso resulta chocante para nuestro modo de pensar y sentir la vida.

 

Serafines, Querubines y Otras Formas Híbridas:

 

Las formas híbridas y zoomórficas de la mitología judeo-cristiana, son las que con mayor claridad tienen raíces paganas. Sin embargo, el hecho de que los rabinos judíos y teólogos cristianos se dedicaran a catalogar, definir y perfilar a estos seres dentro de los mitos y conceptos escatológicos que conformaban sus dogmas puede tener varias lecturas.

 

Se cree que en primera instancia, el abordar a tales personajes e integrarlos a su universo de seres celestiales, sirvió para denigrar y minimizar a los dioses de los panteones ancestrales, así como también lograr una transición ideológica menos traumática para las masas a las que se pretendía convertir.

 

Ya desde la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, se deja en claro la sumisión de estos seres al dios supremo. Los paganos que ven en esta cosmovisión a una especie de politeísmo encubierto, equivocan su punto de vista, ya que la intención de los teólogos fue exactamente la contraria: Destruir la idea de deidades múltiples asimilando la morfología y los atributos externos de las mismas; a la vez de descartar su significación teológica, ética y escatológica. De esa forma, el culto popular seguiría siendo similar -a nivel estético y visual-, pero su sentido y finalidad absolutamente diferente. Se satisfacía la pluralidad celestial que las masas requerían de manera instintiva, pero sin que la misma tuviera peso o significación en la nueva teología. Esta es una de las razones más importantes para repudiar el sincretismo pagano-angélico21.

 

En los cultos grecorromanos, el lugar intermedio entre dioses y hombres lo ocupan los deamons o espíritus de la naturaleza. Tales seres, son independientes de la voluntad o potestad divina y forman parte del orden cósmico al igual que todos los demás seres. Claro está, no es fácil para un neopagano, recién iniciado, el entender que si desea o necesita enfocar su atención en entidades mediatas, debe hacerlo a través de los "demonios" (de "su demonio" particular) y no de los ángeles. Los primeros le fueron presentados e inculcados desde su niñez, como sinónimo de maldad y perversión, mientras que los segundos como la fuente y origen de toda virtud, luz y bendición.

 

Justamente, el descreer en la existencia de seres diabólicos es una de las primeras modificaciones del propio sistema de creencias, necesarias para toda persona que pretenda abordar el Paganismo. Cualquier clase de entidad intermedia solo puede ser vislumbrada como una forma de existencia más, sin cualidades apriorísticas o conductas predeterminadas respecto de los dioses -o de algún dios-. En todo caso, para la visión pagana, ángeles y demonios son la misma cosa: Es decir, el vestigio de cultos ancestrales, unos entronizados y otros diabolizados para el beneficio de una particular ideología. Ni pueden ser confundidos con los dioses, ni pueden revestir mayor interés que éstos dentro del culto, el acto mágico o la simple adoración.

 

En las diferentes tradiciones paganas, las "faunas" que pueblan el Inframundo, los Cielos y los lugares significativos de la Tierra (22) son de variada naturaleza. Cada cultura tiene un bagaje de nombres para los mismos, pero en ningún caso existe nada parecido a los "ángeles" ni fonética ni semánticamente.

 

Causas Psicológicas:

 

Parece ser que a la par de la inercia que se puede apreciar en muchos neopaganos, incapaces de desentenderse de todas las nociones de su creencia natal -casi siempre el Cristianismo en alguna de sus formas-. También hay una suerte de debilidad de carácter que hace que muchos prefieran entidades abstractas, sin variabilidad en su conducta y absolutamente enmarcadas en el "bien" y la "pureza", entendidas estas como lo hace el Cristianismo.

 

Esto es, sin duda, porque existe cierta culpa por el abandono de la fe natal y también una suerte de temor o falta de compromiso -o de valentía- para afrontar los cambios éticos y conductuales inherentes a dicha conversión.

 

Los ángeles, representaron por siglos a los guardianes de los planos de existencia, a aquellos seres que ejecutaban las órdenes de su dios, tanto para premiar como para castigar a los mortales. Es difícil lograr desentenderse de todo ese peso, radicado en la memoria colectiva y en el contexto cultural occidental y regresar a las ideas menos estructuradas pero más naturales que ofrece la teología y mitología ancestral.

 

Cualquier estadio intermedio entre la profesión de fe de alguna de las "religiones reveladas" y una determinada tradición pagana, es respetable y entendible. No es simple ni fácil una conversión total que conlleve una completa coherencia teológica y filosófica. Sin embargo, estas fases intermedias no pueden ser defendidas como creencias plausibles ni se puede hacer apología de la falta de claridad espiritual, tal como si se abordara de lleno una tradición específica. Quienes tengan convicción en la mitología judeo-cristiana, deben asumir que todavía siguen siendo fieles a la misma y no pretender una condición que no tienen: la de paganos.

 

No obstante, es preciso puntualizar, que todas estas consideraciones no afectan la trascendencia, relevancia y legítima espiritualidad de la escatología judeo-cristiana. El hecho de que una creencia no sea compatible con el Paganismo, no la hace menos valiosa o significativa para quienes tienen fe en ella. Además, todo verdadero pagano, debe tener como valor esencial el respeto y la tolerancia hacia todos los que profesen creencias disímiles a la suya. Aquí solo se trata de dejar en claro que, la creencia en "ángeles" no es ni operativa ni coherente para el pagano que toma en serio a su religión.

 

La Cuestión Moral:

 

Además de los puntos descriptos, existen irreconciliables nociones éticas que derivan de la creencia en seres "angélicos" respecto del Paganismo.

 

Si se acepta que existen ángeles protectores o guardianes "de lo bueno" o de "la voluntad" de un determinado dios, desaparece la base ética central del Paganismo, cual es la de la propia responsabilidad. No se puede ser responsable de los propios actos si existen seres que, constantemente, presionan al individuo para que haga el bien o el mal (23) sin que éste se de plena cuenta de ello; peor aún, si hay una "divina providencia" que determinó de antemano su destino. Tampoco puede existir el (Karma) o la Ley de Retribución como un mecanismo inmanente en la Naturaleza, si la tarea de castigar, premiar, proteger y atacar a los seres vivos es llevada a cabo por "enviados" o emisarios de una deidad en particular.

 

Ni siquiera la idea de que estos seres pasan su tiempo "vigilando" a los mortales, observando que hacen y reportándolo a la divinidad, es un concepto lógico para el Paganismo. Incluso, puede decirse que se trata de una creencia popular -casi una superstición-, que contradice la propia teología cristiana ya que colisiona con la idea de omnipresencia y omnisciencia divina (24).

 

El Karma o Ley de Retribución, no es algo que funcione discrecionalmente, según los deseos o la voluntad de ningún ser. Las acciones de los mortales no necesitan ser observadas y mensuradas para recibir a cambio lo que le corresponda, es la propia Naturaleza la que se encarga de ello por la mecánica e inexorable aplicación de sus leyes.

 

Esto puede pensarse de dos formas: Que los dioses garantizan o preservan la retribución automática y universal en un nivel trascendente, sin que medien mecanismos triviales en el proceso o como una ley absolutamente natural, que opera de manera inconsciente. Pero en ninguno de los dos casos, es posible conciliar la idea con la de legiones de ángeles que interactuan con el mundo para hacer cumplir la "voluntad divina".

 

Tampoco la misión de "mensajeros" del dios atribuida a estos seres, es conciliable con el Paganismo. El pagano tiene trato directo, casi íntimo, con sus dioses. A veces, los mismos pueden manifestarse en forma velada, otras evidente. Sin embargo, tal como lo narran los mitos ancestrales de todas las tradiciones, son ellos mismos los que "comunican" el mensaje, sin intermediarios o prolegómenos (25).

 

No obstante, queda claro que si se despoja a los ángeles de tales roles, dejan de existir las incongruencias doctrinales, pero al mismo tiempo desaparece la noción capital que hace a su naturaleza tradicional. Si se piensa en una entidad espiritual que no cumple funciones ni de mensajero, ni de vigilante, ni de protector de los "vivos", simplemente no se está pensando en los ángeles judeo-cristianos. Por lo cual, si un pagano creen en "ángeles" que no intervienen en el devenir conductual del Hombre ni alteran su destino, en realidad estaría creyendo en otra cosa y haría bien en precisar su terminología.

 

Otro punto más sutil, pero no menos importante, es el hecho de que la relación entre los dioses y los mortales, se da en forma directa y espontánea dentro de las tradiciones paganas. Cualquier tipo de "intermediario" o intercesor26 sale sobrando. Ya sea que se trate de dioses misericordiosos y propicios, caso en que el rito y la oración es suficiente para lograr relacionarse con ellos o bien hostiles, ocasión en que el pagano se valdrá de la magia y el sacrificio, no hay necesidad de mediaciones o intercesores. Esto es porque en las tradiciones ancestrales, solo se rinde culto a los dioses cercanos a la Naturaleza y al Hombre -las deidades absolutas o abstractas son respetadas, pero rara vez reciben culto-. Si tal acción, no ocasionar una reacción de la contraparte divina, como diría Epicuro, la misma carece de sentido.

 

En muchas creencias paganas, los dioses intervienen en el destino de los hombres. En ocasiones mediante intermediarios no-divinos, pero no al estilo bíblico, donde los ángeles existen casi expresamente para tales fines. Incluso, la diferencia más importante, tiene que ver con que la forma y propósito de la intervención en sí. Si bien el azar cósmico (27) da lugar a la creencia en esporádicas intervenciones de los dioses en el devenir del destino humano, los paganos no aceptan la "Providencia", simplemente no va con su forma de ver el mundo. Las injusticias del mismo y su imprevisibilidad, dejan en claro que los seres mortales deben ocuparse de sus vidas sin esperar "milagros" o ayuda constante de parte de lo divino.

 

Entonces, si no existe la Providencia Divina (28) y no hay una intervención sistemática de los dioses en el plano humano, no tiene sentido pensar en una raza de seres espirituales, creados y/o designados para cumplir semejante tarea.

 

Paganismo y Ángeles "New Age":

 

En las últimas décadas, dentro del contexto de las sociedades occidentales, se ha desarrollado una noción del "mundo angélico" que responde a los anhelos y ansiedades de la clase media-alta de los países desarrollados. Tiene más que ver con la pseudo-espiritualidad new age, que con sus raíces cristianas.

 

Estos "seres" son concebidos como entidades intervencionistas, a veces invisibles, a veces vislumbradas por sus beneficiarios y otras, manifestadas como algún tipo de ser físico: personas, animales, o entidades misteriosas. Vale decir, supuestamente, cualquier cosa es o puede ser la manifestación de un "ángel". Ninguna escuela teológica "oficial" hace eco de tales ideas, pero la difusión de este tipo de creencias ha penetrado también al Paganismo y volcado en él nociones de seres que "salvan" a los humanos de momentos difíciles, los curan, los protegen e interceden por ellos.

 

Está claro, por las razones antes mencionadas, que ni la versión medieval de los ángeles, ni la new age es compatible con el concepto pagano de lo que es el mundo espiritual. No obstante, esta nueva visión, es todavía más problemática, ya que se amolda a una forma de pensar trivial, mojigata y poco comprometida con la Naturaleza y sus inmutables leyes.

 

Por la misma razón que el pagano no cree en milagros, ni reza a un dios "todopoderoso", tampoco puede concebir a ángeles "custodios" o "protectores" de ningún tipo. Por el contrario, su pensar es que cada quien debe cuidarse a sí mismo; que la Madre Naturaleza se encarga de proteger a todos sus hijos sin que por ello haga excepciones en el cumplimiento de sus leyes y que solo los seres divinos son dignos de adoración.-

 



N O T A S

 

1.- Es decir, los personajes históricamente reales que fueron canonizados por la Iglesia Católica o bien, elevados a la categoría de beatos, venerables, etc.

 

2.- Entre los años 586 y 538 a.C.

 

3.- El ejemplo más famoso y evidente, es aquel de la "Virgen María y el Niño Jesús" -en su forma de icono bizantino- que derivó directamente de la imagen egipcia de Harpócrates -nombre griego para Horus Niño- en brazos de su madre, la diosa Isis. En algunos casos, se llegó a utilizar los mismos bajorrelieves con la previa "bendición" y cristianización llevada a cabo por los mismo usurpadores. Más tarde, el icono se conocería como Theotokos, que en griego significa literalmente: "Madre de Dios", título análogo al que se le daba a Isis en durante el período grecorromano.

 

4.- También los santos de la Iglesia, ya fueran estos históricos o legendarios, canónicos o validados por devociones populares, hicieron otro tanto.

 

5.- Por ejemplo en el Libro de Henoch.

 

6.- Yãhwêh, Dios de los hebreos, posteriormente convertido en la primera persona de la "Santísima Trinidad" Cristiana.

 

7.- Ángel adversario del dios bíblico.

 

8.- cf. Corán (Al Bacara) 2:97-98 y (At Tahrim) 66:4; también, Ev. de Lucas 1:19 y 1:26.

 

9.- Por ejemplo, en la tradición del Antiguo Egipto, Shu -dios de la Luz o del "Aire Luminoso"- estaba subordinado a Râ [el Sol]. Sin embargo, ello no implicaba que Shu fuera siervo de Râ, sino más bien el regente de una de las manifestaciones de aquel.  

 

10.- Judíos y cristianos han desarrollado lo que se denomina "angelología", es decir, el estudio de la naturaleza de los ángeles. Una creencia común, dentro de esa disciplina, es la división en categorías y subcategorías a las cuales denominan "coros" -apelativo que data de tiempos medievales.


Por lo general, se divide a los coros en tres categorías, cada una con tres grupos: La primera sería la de los serafines, querubines y "tronos"; la segunda de las "denominaciones", "potestades" y "virtudes" y la tercera, de los "principados", arcángeles y ángeles.

Esta variedad de grupos parece análoga a la que presentan los panteones de dioses menores y los bestiarios paganos. Sin embargo, las mismas no son más que una estructura conceptual creada a partir de recolectar los nombres bíblicos que se le dan a estos seres; en nada explican sus funciones, sus diferencias morfológicas o sus regencias, ni tampoco reflejan algún tipo de correspondencia con las raíces politeístas de tales entidades.


Por el contrario, en el Paganismo, suelen definirse específicamente los atributos de cada tipo de ser o entidad y tales nociones no surgen de la mente afiebrada de algún teólogo, sino del folclore y la mitología popular -única fuente legítima y natural de los mitos y símbolos.

 

Hay que aclarar que existe abundante literatura que trata de definir funciones, regencias y atributos de los ángeles. Sin embargo, la misma es de tipo marginal, porque surge de escuelas ocultistas, cabalísticas o místicas tardías, sin representación -ya sea eclesial o secular- ni raigambre en la tradición que pretenden explicar.  

 

11.- Los únicos "nombres propios" relacionados con ángeles que se pueden leer en los textos bíblicos son los de Miguel, Gabriel y Rafael, tres "arcángeles" que llegaron a ser significativos en la iconografía y escatología cristiana. De todas formas, son excepciones que confirman la regla de anonimato y masificación bíblica en lo que concierne a estos seres, ya que existen decenas de pasajes donde uno o varios ángeles protagonizan la escena y casi nunca se los nomina o identifica en forma alguna.  

 

12.- Dentro de la mitología nórdica y sus derivaciones.  

 

13.- Ver los mitos olímpicos, por ejemplo.  

 

14.- Dos ejemplos clásicos de esto son la caída de los Titanes y el reinado de los dioses del Olímpo en el mundo (entre los griegos) y el futuro "Ocaso de los Dioses" o Ragnarok (entre los nórdicos). En las religiones "reveladas" o monoteístas, "Dios" siempre existió y jamás tomó el lugar de entidad suprema a través de la victoria sobre otro ser, tampoco se extinguirá jamás. Lo mismo ocurre con sus "servidores", es decir con los ángeles y seres afines.

 

15.- En la doctrina católica -que es la más adepta a la veneración de los ángeles- las virtudes más importantes son las "teologales", o sea, la Fe, la Esperanza y la Caridad (en gran medida concebidas a partir de las epístolas paulinas del N.T.). Los ángeles, defienden y promueven a las mismas, tratando de que los hombres las practiquen. Claramente, estas virtudes no se corresponden con el ideal ético y conductual del Paganismo, por lo que si un pagano creyera en los ángeles, aun así, no les debería rendir culto.

 

16.- Maniqueísmo.

 

17.- Místico persa (h. 216 al 276 d.C.), fundador del Maniqueísmo.  

 

18.- Jámblico (h. 250 al 330 d.C.). Filósofo sirio de la escuela neoplatónica.

 

19.- Duendes, elfos, gnomos, hadas, etc.

 

20.- Para los judíos, cristianos y musulmanes, todo acto mágico o ritual propiciatorio es en sí mismo un grave "pecado" y un desafío a la voluntad de su dios. El poder, la "energía" y los conjuros mágicos en sí, se consideran como de origen demoníaco. Por esta razón, el ejercicio de la Magia está prohibido en muchos pasajes de las escrituras bíblicas y coránicas.

 

21.- Es decir, porque en parte nació de la manipulación y de la intención de denigrar a los dioses mismos.  

 

22.- Sagrados o malditos.  

 

23.- La fantasía popular de un ángel bueno y uno malo, aconsejando a los hombres mediante susurros en sus oídos, a cada paso de sus vidas, puede hoy en día ser material de cuentos infantiles, pero era una idea muy acendrada entre los cristianos hasta hace pocas décadas.  

 

24.- Un dios que "todo lo sabe" y "todo lo ve", que está presente en todas partes, no necesita un ejército de seres que vigilen el Universo por él.  

 

25.- En algunos casos había deidades encargadas específicamente para tal función, como Hermes / Mercurio en el panteón grecorromano, pero rara vez se creía en una categoría de seres que existían solo para tal fin.  

 

26.- Como es el caso de los ángeles, santos y de la Virgen María, dentro de la religión católica.  

 

27.- Dado que muchos eventos son azarosos y que el Azar es aceptado como una fuerza real por la propia Ciencia, existe margen para que las cosas sean afectadas por poderes superiores sin violentar las leyes naturales.  

 

28.- La "Providencia Divina" es la creencia cristiana en que su dios tiene un plan para el mundo y cada una de sus criaturas. La Iglesia siempre se ha opuesto tanto al fatalismo determinista como al azar ontológico porque va contra su idea del Libre Albedrío y de la Redención. Con el tiempo, perfiló la idea de la Providencia para poder compatibilizar la noción de que cada quien "toma la decisión" de salvarse o condenarse y que al mismo tiempo, Dios interviene constantemente en la vida del Hombre. Se trata de una noción híbrida entre el designio fatalista de los dioses y la absoluta libertad de los mortales. Ninguna de estas tres instancias tiene sentido para la visión pagana de la vida.

08/07/2007 07:55 Autor: paganismo. Enlace permanente. Hay 1 comentario.

04/07/2007

La religión de Europa

De Alain de Benoist.

 

 

Para algunos que como yo, consideran que la cristianización de Europa, la integración del cristianismo en el sistema mental europeo, fue el acontecimiento más desastroso de toda la historia ocurrida hasta ahora - la catástrofe en sentido propio del término - ¿Que puede significar hoy el término de “paganismo”? Cuestión tanto más fundamental que esta al orden del día, así como dan prueba de las recientes polémicas, en una fecha en la que, aunque algunos puedan pretender, no es el politeísmo el que es un “pasadismo”, sino el monoteísmo que es puesto en cuestión, cuyo dominio se agrieta en todas partes, mientras que bajo formas a menudo torpes, a veces aberrantes, generalmente inconscientes, el paganismo manifiesta de nuevo su presencia (1).

 

Discutir la actualidad del paganismo es innecesario. El neopaganismo no es un fenómeno de secta - como se lo imaginan, no sólo sus adversarios, sino también los grupos y capillas paganas, a veces bien intencionadas, a veces torpes, a menudo involuntariamente cómicas y perfectamente marginales. No es tampoco un “cristianismo invertido”, que reanudaría con distintas formas cristianas - del sistema ritos hasta el sistema de objetos - su equivalente o su contraparte. Lo que debe temerse hoy, no es tanto la desaparición del paganismo como su resurgimiento bajo formas primitivas o pueriles, emparentadas con esa “segunda religiosidad” que Spengler hacía una de las características mas notorias de las culturas en decadencia. Lo que exige una serie de aclaraciones.

 

En primer lugar, el paganismo no es un “retorno al pasado “. No consiste en apelar “a un pasado contra otro pasado”, así como ha escrito de manera incoherente Alain-Gérard Slama (Lire, abril de 1980). No manifiesta el deseo de regresar a un “paraíso perdido” (tema más bien judeocristiano) y menos, contrariamente a lo que afirma gratuitamente Catherine Chalier (Les Nouveaux Cahiers, 1979) a un “origen puro”.

 

En una fecha en la que no se deja de hablar de “arraigo” y de “memoria colectiva”, el reproche de “pasadismo” no tiene sentido. Todo hombre nace en primer lugar como heredero; no hay identidad individual o colectiva sin consideración de lo que se ha producido antes. Así como había ayer que ver el espectáculo grotesco de la denuncia contra los “ídolos paganos” por misioneros cristianos adoradores de sus propios tótems, hoy es mucho mas cómico ver denunciar el “pasado” (indoeuropeo) por los que no dejan de elogiar la continuidad histórica judeocristiana y de devolvernos al ejemplo de Abraham, Jacob, Isaac y otros Beduinos protohistóricos.

 

Es necesario saber por otra parte lo que significa la palabra “pasado”. Rechazamos inmediatamente la doctrina judeocristiana que hace del pasado definitivamente una etapa pasada de una línea progresiva que llevaría necesariamente a la humanidad desde el jardín del Eden al tiempo mesiánico. No creemos que haya un sentido inherente de la historia. El pasado es para nosotros una dimensión, una perspectiva presente en toda actualidad. Solo hay acontecimientos “pasados” siempre que se inscriban como tales en el presente. El “pasado” participa, pues, necesariamente de esta característica de la conciencia humana que es la temporalidad, la cual no es ni la “cantidad de tiempo” mensurable de la que habla la lengua corriente (la temporalidad es al contrario cualitativa), ni la duración evocada por Bergson, que pertenece a la naturaleza no humana - la temporalidad  pertenece al hombre. La vida como “preocupación” (Sorge) es extensiva de sí misma; no llena pues ningún marco temporal preestablecido. El hombre solo es proyecto. Su conciencia misma es proyecto. Existir, es exsis, proyectarse. Es esta movilidad específica de la extensividad que Heidegger llama el “historial” (Geschehen) de la existencia humana - un historial que señala la “estructura absolutamente propia de la existencia humana que, como realidad trascendente y realidad revelada, hace posible la historicidad de un mundo”. La historicidad del hombre se debe a que el “pasado”, el “presente” y el “futuro” están asociados en toda actualidad. En este sentido, el reproche - típicamente judeocristiano - de “pasadismo” esta enteramente desprovisto de sentido.

 

No puede haber “pasadismo” sino en la visión monolineal de la historia, en una historia donde, precisamente, lo que “pasó” no puede volver a suceder de nuevo. Mas bien, creemos en el Eterno Retorno. En 1797, Hölderlin escribe a Hegel: “no hay destrucción, por lo tanto la juventud del mundo debe reaparecer desde nuestra descomposición”. Dice también:  “si lo divino existió, entonces regresara de nuevo, ya que es eterno”. En realidad, no se trata de volver al pasado sino de estar vinculado a él - y también, por el hecho mismo, en una concepción esférica de la historia, de conectarse con lo eterno, deshacerse de la tiranía del Logos, de la monstruosa tiranía del Libro y de la Ley, para entregarse a la escuela del Mythos y de la Vida. En la Grecia antigua, observa Jean-Pierre Vernant, “el esfuerzo de recordar todo tiene por primera función, no la de construir el pasado individual de un hombre -que-recuerda, de construir su tiempo individual, sino al contrario de permitirle escapar del tiempo ” (declaración aparecida en el Nouveau Observateur, 5 de mayo de 1980). Se trata hasta de referirse a la “memoria” del paganismo, no de una manera cronológica, para regresar de nuevo al “pasado”, sino de una manera mitológica, para buscar lo que, a través del tiempo, nos supera en el tiempo y nos habla aún hoy. Se trata de conectarse a lo insuperable, y no al “pasado”.

Los términos de “principio” y de “final” no tienen ya entonces el sentido que les da la doctrina judeocristiana. En la perspectiva pagana, el pasado es siempre futuro (futuro). “Herkunft aber bleibt stets Zukunft”, ha escrito Heidegger: “lo que es el origen sigue siendo un futuro, permanece constantemente bajo la influencia de lo que debe venir”.

 

En su Introducción a la metafísica, Heidegger examina precisamente la cuestión del “pasado”. Un pueblo no puede triunfar sobre el “oscurecimiento del mundo” y la decadencia sino por medio de la condición de querer permanentemente un destino. Ahora bien, “solo habrá un destino sí en primer lugar él crea en sí mismo una resonancia, una posibilidad de resonancia para este destino, y si incluye su tradición de manera creativa.” Todo eso implica que este pueblo, como pueblo, se expone él mismo en el ámbito originario donde reina el ser, y así haya el origen de Occidente, a partir del centro de su proceder futuro”.”Es necesario, en otros términos, encontrar el origen de nuestro de ser-alli’ espiritual como providencial, para transformarlo en otro principio”. Y Heidegger añade:  “para que un principio se repita, no se trata de colocarse detrás de él como algo pasado, que es conocido ahora y que no hay que imitar, sino que es necesario que el principio sea refundado más originariamente, y con todo lo que un verdadero principio implica de desconcertante, de indeterminado e inseguro “. En efecto, “el principio está allí.” No está detrás nosotros como lo que fue hace mucho tiempo, sino que está ante nosotros. El principio hizo irrupción en nuestro futuro. Nos da su grandeza a la que debemos incorporarnos”.

 

No hay pues retorno, sino un recurso al paganismo. O, si se prefiere, no hay retorno al paganismo, sino retorno del paganismo a lo que Heidegger llama “otro principio”. Proyecto que manifiesta el poder creador del hombre y que, como tal, no puede resultar sino “blasfemo” a los sectarios del Logos. En hebreo, la palabra “principio” tiene por otra parte también el sentido de “profanación”: comenzar, es competir con Dios. Es tan verdadero que el episodio del Génesis, “entonces se interpreta se comenzó a alegar el nombre de Yahvé” (4, 26) en la teología del judaísmo se interpreta, no como el principio del monoteísmo, sino como el principio del paganismo (”Entonces él comenzó”). Este verbo significa profanar. Se comenzó a dar a los hombres y a las estatuas el nombre de Santos y a llamar Dioses los ídolos (comentario de Rachi sobre Gen. 4,26). Por otra parte, desde Siméon Bar Yoar hasta nuestros días, la cultura pagana antigua no ha dejado de ser objeto de críticas y acusaciones (véase François Fontaine, “la conspiración contra Roma”, en Le Figaro Magazine, 12 de abril de 1980). Este solo hecho, bastaría para mostrar cuánto del “pasado” sigue estando presente a los ojos de los mismos que lo denuncian. “No es una casualidad”, ha escrito Gabriel Matzneff, “que nuestro vigésimo siglo, fanático, rencoroso, doctrinario, no pierda la ocasión de dar una imagen difamatoria y ridícula de los antiguos Romanos : “por instinto, odia lo que le es superior “(Le Monde, 26 de abril de 1980).”

 

Entre los siglos XV y XVI, el Renacimiento fue completamente un renacimiento. Nació, a partir de Florencia, de una reanudación del contacto con el espíritu del paganismo antiguo. “Se trataba, dirá Renan, de ver la Antigüedad frente a frente.” No fue un retroceso, un simple resurgimiento del “pasado”, sino al contrario el inicio de una nueva aventura del espíritu, de una nueva aventura del alma faustica que en adelante triunfó. Así mismo hoy, el neopaganismo no es una regresión de ningún modo, sino al contrario la elección deliberada de un futuro más auténtico, más armonioso - una elección que proyecta en lo sucesivo, para una nueva creación, lo eterno de donde procedemos.

 

Si se admite que algo es grande, ha dicho Heidegger, “entonces en el origen de eso permanece lo que hay de superior”. El paganismo hoy es, pues, obviamente, en primer lugar una determinada familiaridad con las religiones indoeuropeas antiguas, con su historia, su teología, su cosmogonía, su simbolismo, sus mitos y sus mitemas, etc. Una familiaridad de conocimientos, y también una familiaridad espiritual. No se trata solamente de acumular conocimientos sobre las creencias de las distintas religiones de la Europa pre-cristiana (ni por otra parte de ignorar lo que puede distinguirlas, a veces profundamente, a una de las otras) sino sobre todo de definir en estas creencias la transposición de una serie de valores que nos pertenecen directamente y nos conciernen. (Lo que, por consiguiente, conduce a reinterpretar la historia de los dos últimos milenios como el relato de una lucha espiritual fundamental).

 

Ya es una tarea considerable. No sólo las religiones de la Europa antigua no ceden de nada al monoteísmo en cuanto a su riqueza o a su complejidad espiritual o teológica, sino que hasta se puede considerar que ellas triunfan a menudo en este terreno. Que triunfan o no, no es por otra parte lo más importante. Lo que es importante, es que hablan para nosotros - y por mi parte, extraigo más enseñanzas de la oposición simbólica entre Janus y Vesta, de la moral del Orestiade o el relato de la desmembración de Ymir que de las aventuras de José y sus hermanos o de la historia del asesinato abortado de Isaac. Más allá de los mitos, conviene, pues, buscar una determinada concepción de la divinidad y de lo sagrado, un determinado sistema de interpretación del mundo, una determinada filosofía en ellos. Bernard-Henri Lévy se adhiere al monoteísmo, mientras que no cree en Dios. Nuestro tiempo es profundamente judeocristiano, aunque las iglesias y las sinagogas estén vacías. Lo es por su forma de concebir la historia, por los valores esenciales a los cuales se refiere. Al contrario, no hay “que creer” en Júpiter o en Wotan (lo que no es, sin embargo, más ridículo que de creer en Yahvé)  para ser pagano. El paganismo de hoy no consiste en elaborar altares a Apolo o en resucitar el culto de Odin. Implica por el contrario re buscar, detrás de la religión, la ” herramienta mental ” de la que ella es el producto, qué universo interior devuelve, qué forma de comprensión del mundo ella traduce. Resumidamente, implica considerar a los dioses como “centros de valores” (H. Richard Niebuhr), y las creencias de las que son objeto como sistemas: los dioses y las creencias pasan, pero los valores permanecen.

 

Es decir que el paganismo, lejos caracterizarse por una negación de la espiritualidad o de lo sagrado, consiste al contrario en la elección (y la re-apropiación) de otra espiritualidad, de otra forma de lo sagrado. Lejos confundirse con el ateísmo o el agnosticismo, coloca, entre el hombre y el universo, una relación básicamente religiosa - de una espiritualidad mucho más intensa, más poderosa, mas fuerte que la del monoteísmo judeocristiano. Lejos de desacralizar el mundo, lo sacraliza en el  sentido literal, lo considera como sagrado - y es precisamente eso, veremos, lo que es pagano.

 

Por otra parte, hay que tener en cuenta que en la antigüedad pre-cristiana, la palabra “ateísmo” esta prácticamente desprovista de sentido. Los propios juicios por  “incredulidad” o “impiedad” cubren, en general, cualquier otra cosa. Cuando Ammien Marcellin dice que “hay gente para quien el cielo esta vacío de dioses” (XXVIII, 4, 6), él precisa que creen, a pesar de todo, en los astros y la magia. En Grecia, el propio pensamiento racional se reorientó a la teogonía y la cosmología místicos. Esta es la razón que obliga a Claude Tresmontant, después de haber asimilado gratuitamente el panteísmo al ateísmo, a escribir que el “ateísmo” es  “eminentemente religioso”, que es demasiado religioso puesto que él diviniza indebidamente el universo (Problemas del cristianismo, Seuil, 1980, p55). Es que, en la Europa antigua, lo sagrado no se concibe como contrario a lo profano, sino lo que engloba lo profano para darle sentido. No hay iglesia para hacer la mediación entre el hombre y Dios; es la ciudad entera la que hace esta mediación, y las instituciones religiosas solo constituyen un aspecto de ella (2). El concepto opuesto al latín religio debería buscarse en el verbo negli. Ser religioso, es ser responsable, no descuidado. Ser responsable, es ser libre - darse los medios concretos de ejercer su responsabilidad. Ser libre, es también, al mismo tiempo, estar vinculado.

 

Cuando Bernard-Henri Levy afirma que “el monoteísmo no es una forma de sacralidad, ni una forma de espiritualidad”, sino al contrario “el odio de lo sagrado como tal” (Le Express, 21 de abril de 1979), su observación no puede sino parecer paradójica. Lo sagrado, es el respeto incondicional de algo; ahora bien, el monoteísmo lo pone fuera de la ley. En Heidegger, lo sagrado, Das Heilige, es bien distinto de la metafísica clásica y la idea misma de Dios. Diremos, para reanudar una antinomia tan cara a Levinas, que lo sagrado compromete este mundo, en comparación con la santidad, que está vinculada al transcendencia de lo Otro absoluto. El paganismo sacraliza, y así exalta este mundo, allí donde el monoteísmo judeocristiano santifica, y así nos separa del mundo. El paganismo se basa en la idea de lo sagrado.

 

Cuando se trata de especificar los valores propios del paganismo, se enumeran generalmente características como: un concepto eminentemente aristocrático de la persona humana, una ética basada en el honor (en la “vergüenza” más que en el “pecado”), una actitud heroica ante los retos de la existencia, la exaltación y la sacralización del mundo, de la belleza, del cuerpo, de la fuerza y de la salud, la negación de lo extramundano, la inseparabilidad de la estética y la moral, etc todo eso nos parece exacto, pero hasta cierto punto secundario. La característica fundamental, a nuestros ojos, es el rechazo del dualismo.

 

Ampliando lo que Martin Buber dijo del judaísmo, nos parece, en efecto, que el judeocristianismo es caracterizado menos por la creencia en único Dios que por la naturaleza de la división que postula entre el hombre y Dios. Hace mucho tiempo, por otra parte, que se entiende que el conflicto del monoteísmo y el paganismo no es una simple pelea sobre el número de dioses. “El politeísmo es un concepto cualitativo, y no cuantitativo”, ha escrito Paul Tillich (Théologie systématique, Planète, 1969). “La diferencia entre el panteísmo y el monoteísmo, reconoce Tresmontant, no es una cuestión espacial, sino una cuestión ontológica” (Les problèmes du christianisme, op. cit., p. 218).

 

Spengler puso de manifiesto que el monoteísmo es el producto de una psique particular que, a partir del -300 a.C, penso una concepción específicamente “mágica” (en el sentido spengleriano del término) de un universo “duplicado” por otro mundo - el de la Divinidad -, que también es controlado por un antagonismo del Bien y el Mal absolutos (al cual corresponde, a nivel simbólico, antagonismo de la Luz y la Oscuridad). En esta concepción, el mundo real es una cúpula o una caverna - un teatro donde se producen acontecimientos cuyo sentido y lo que está en juego fundamentalmente están en otra parte. La conciencia “mágica” no es una conciencia activa; es una escena donde se enfrentan las fuerzas indeterminadas del Mal y las fuerzas luminosas del Bien. Está vinculada una concepción necesariamente lineal de la historia, cuyo inicio es la “creación”, y su final, el “fin de los tiempos” mesiánico. Toda la teología judeocristiana se basa en la distinción de lo creado (el mundo) y lo no-creado (Dios). El Absoluto no es el mundo. La fuente de la vida es radicalmente diferente de la naturaleza. El mundo no es el “cuerpo” de Dios. No es eterno, ni no-creado, ni ontológicamente suficiente. No es una emanación directa, ni una forma de la sustancia divina. No tiene ni naturaleza, ni esencia divina. Es radicalmente otro que el Absoluto. Solo hay un Absoluto, y es Dios, que es no-creado, sin génesis ni devenir y ontológicamente suficiente.

 

En las fuentes del pensamiento pagano, se encuentra, al contrario, la idea de que el universo esta animado y que el alma del mundo es divina. La vida procede de la naturaleza y del mundo. Si hay una creación, solo señala el principio de un ciclo. El universo es el único ser y no es un Otro. El mundo no fue creado y no tuvo principio; es eterno e imperecedero. Dios no se realiza mas que por y en el mundo. La “téogonia” es idéntica a la “cosmogonía”. El mundo representa el despliegue de Dios en el espacio y en el tiempo. La “criatura” es consubstancial al “creador”. El alma es una parte de la sustancia divina. La sustancia o la esencia de Dios es la misma que la del mundo. Estas ideas se desarrollan constantemente en la primera filosofía griega; se encuentra aún su eco en Aristoteles y en Platón, luego en los estoicos. Xénofanes de Colofón (siglo VI antes de nuestra era) define a Dios como el alma del mundo. “Este mundo no fue creado por ningún dios y ni por ningún hombre,” ha escrito Héraclito. “Siempre ha existido, existe siempre y existirá, como fuego eternamente incandescente, encendiéndose con medida y apagándose con medida” (Fragmentos).” Para Parménides, que ve en el mundo un ser inmóvil y perfecto, el universo no fue engendrado, es imperecedero y no-creado. Se encuentra la misma opinión en Empédocles, Meliso, Anaximandro, etc.

 

De lo que precede, se puede deducir que lo que caracteriza el monoteísmo judeocristiano, no es solamente la creencia en único dios, sino también y sobre todo la adhesión a un concepto dualista del mundo. El ejemplo de la filosofía griega muestra en efecto que puede existir un “monoteísmo” no dualista - que define la convergencia entre el absoluto y el mundo -, el cual, como lo veremos, no es básicamente antagónico del politéismo, los distintos dioses pueden corresponder a las distintas formas por las cuales se manifiesta la Divinidad. Diremos por lo tanto, que lo que vincula intrínsecamente el monoteísmo judeocristiano con la intolerancia, no es el hecho de que Yahvé sea el único dios, sino que el único dios se conciba como distinto del mundo, superior del mundo y así, que se quiera o no, opuesto a él. En el caso de un monoteísmo no dualista, la afirmación de la unicidad de dios no es más que una manera de afirmar y sacralizar la unicidad del mundo. Tal Dios, al igual que la divinidad que personifican los distintos dioses del paganismo, es tolerante, ya que se manifiesta en todas las diversidades. Representa incluso, podríamos decir, la única diversidad de un ser que no tiene que excluir ninguna alteridad, ninguna diferencia, porque las engloba y las reconcilia a todas. Básicamente, el Dios del paganismo es no un otro. Al contrario, el Dios del monoteísmo judeocristiano es la alteridad por excelencia, es un absolutamente Otro - y es en este estado de alteridad radical que pretende darse donde reside su peligro. Como es uno, no en el sentido de “solitario”, sino en el sentido no comparable, de “único en su clase”, en efecto, Yahvé no puede sino reducir las diferencias, excluir a cualquier otro dios que le haga sombra, afirmar la falsedad de lo que otros veneran. En Le stade du respir (Minuit, 1979), Jean-Louis Tristani mostró mejor que otros, la influencia del monoteísmo judéocristiano sobre el despotismo. El paganismo, es tolerante, no sólo porque ha sido (eventualmente) politeísta, sino también porque frente a la discontinuidad entre Dios y el mundo, opone la continuidad de todo lo que - hombres, dioses y “naturaleza” - constituye y personifica el único ser absoluto que es el mundo finalmente, porque cree que un Dios que no es de este mundo no podría, precisamente, ser un Dios. Ya que es uno o es el otro: o Dios es Único, o el Mundo es Único. A la afirmación anti-dios por excelencia, “Mi reino no es de este mundo” (Juan 18, 36), se opone la afirmación divina por excelencia: “el lugar de los hombres es también el lugar de lo divino” (Héraclito).

 

En la perspectiva del monoteísmo dualista, la relación entre el mundo y el absoluto no es pues una relación de identidad, ni una relación de emanación directa, sino una (pseudo-) relación de “libertad” aclarada por la teología de la creación. Esta creación se hizo ex nihilo. Dios no creó el mundo desde una materia informe, de un caos que le habría preexistido y en el que él habría trabajado (en tal caso habrían dos absolutos no-creados: Dios y la materia). Tampoco no generó el mundo, ya que éste le sería entonces consubstancial (solamente el Logos de Dios, generado y no creado, es consubstancial a Dios). Lo creó. La relación que lo liga al hombre es a la vez causal (Dios es la causa principal de todas las criaturas) y moral (el hombre debe obedecer a Dios). Para el paganismo, al contrario, Dios no puede disociarse del mundo; no se le vincula como causa, y los hombres no son criaturas contingentes que habrían sido extraídos de la nada. El paganismo desafía la idea de creación, central en el monoteísmo judeocristiano (3), así como desafía toda epistemología mecanicista, así como desafía toda idea de una finalidad global de la historia - así como tiende, con Spengler, a substituir con la “idea de destino” (Schichsalsidee) al “principio de causalidad” (Kauzalitätprincip). La idea de creación, dijo Fichte, es el “error fundamental absoluto de toda falsa metafísica”. Heidegger, desde hace tiempo, puso de manifiesto que la idea de creación no está incluida en la filosofía. La afirmación de la unicidad de Dios y del mundo contiene, según la inteligencia humana, el postulado de su eternidad: el ser que no podía surgir de la nada absoluta, el mundo no comenzó y no terminará. El ser absoluto que es el mundo no-creado radical, causa de sí mismo, causa sui (4).

 

El paganismo implica pues el rechazo de esa discontinuidad, de esa ruptura  fundamental que es la “ficción dualista”, incluyendo a Nietzsche quien desvirtuó a Dios como enemigo de la vida, en lugar de ser la exaltación y la afirmación de la vida” (El Anticristo). Curar el mundo de la ruptura monoteísta, es restaurar lo divino en su despliegue unitario, suprimir el pozo sin fondo ontológico que separa a Dios de sus “criaturas”, volver a dar a la vida la diversidad contradictoria de sus significados. Dios no creó el mundo, se manifiesta en él y por él. No está “presente por todas partes” en el mundo, como lo sostiene el  panteísmo simple; constituye más bien la dimensión del mundo que, globalmente así como localmente, le da su sentido en función de lo que hay.

 

De la afirmación de que la esencia de Dios que es idéntica a la del hombre, deriva que no hay lugar en el paganismo para una teología del exilio, basada en el desarraigo, la separación del mundo, la distancia absoluta o la negatividad crítica hacia él. El paganismo opone lo ilimitado del mundo frente a la limitación que constituiría la noción de un infinito situado fuera del mundo; se opone al “alma excedida de otra alma”, para hablar como Lévinas, un alma que se illimita, puede por si misma illiminitarse. Se opone la autonomía, una autarquía, un arraigo en un lugar frente a una dependencia abstracta y a un desarraigo absoluto. El hombre pagano acepta el lugar donde nació como una relación de filiación. Tiene su “madre-patria , mientras que en el monoteísmo bíblico, la tierra que se tiene no es una tierra original, un tierra natal, sino una tierra final, una tierra de destino, que no está incluida en el mito fundador sino como una finalidad ; esta tierra “se promete” en los dos sentidos del término, es decir no es una madre, sino una novia o una esposa (de ahí la teología del exilio y el retorno) - una tierra que solo se hace nuestra por la realización de una promesa divina, un “terruño que no debe nada al nacimiento” (Emmanuel Lévinas, Noms propres, Fata Morgana, 1976, p. 64).

 

Esta idea, fundamental en el paganismo, de una continuidad entre el hombre y el mundo no puede, no obstante, plenamente entenderse sino con la condición de no interpretarse desde el punto de vista del naturalismo.

 

La teología del paganismo no es una teología de la naturaleza, sino una teología del mundo. La naturaleza manifiesta el rostro del ser, pero no constituye de ninguna manera su determinación última. Y así como la continuidad entre los todos entes, todas las “criaturas”, no implica que estos entes se confundan o que sean iguales, así mismo la protesta que el espíritu europeo no dejó de expresar contra el divorcio del cielo y la tierra, del hombre y Dios, del alma y el cuerpo, no implica que todos estos términos estén colocados en el mismo nivel. El alma y el cuerpo están en la prolongación uno del otro, son ambos consubstanciales del mundo, pero es, sin embargo, el alma quien domina. Esta es la razón por la que el paganismo postula la primacía de la idea; esta es la razón por la que negamos también toda interpretación principalmente naturalista de las religiones indoeuropeas, buscando al contrario el “núcleo” en un sistema ideológico, en un vuedum particular que da inmediatamente un sentido a todos sus componentes. En este sentido, podemos decir que el hombre “crea” el mundo por que mira hacia él, que el alma “se construye” un cuerpo, que un punto de vista colectivo del mundo “forma” una sociedad relacionándola, etc. Somos aquí totalmente contrarios al naturalismo.

 

“Creador” de la naturaleza, el hombre es también creador de dioses. Se convierte en Dios cada vez que se supera a si mismo, cada vez que rompe los límites dando lo mejor de sí. El héroe, en la Antigüedad, es en el sentido literal un semidiós. Esta idea será retomada por Nietzsche con el tema del Superhombre. Encontrará en la antropología filosófica moderna sus justificaciones epistemológicas con el tema del hombre creador, constructor de sí mismo. Finalmente será desarrollada por Heidegger - y es con razón que Lévinas verá en esta “piedad dedicada a los dioses míticos” lo que le es mas ajeno: una “retorno ofensivo [de las] normas de la elevación humana” (Difficile liberté, Albin Michel, 1963, p. 2).

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