Los Cultos Angélicos y el Paganismo
Por Oscar Carlos Cortelezzi
Dioses y Ángeles:
Uno de los sincretismos menos afortunados que se han producido dentro de las tradiciones neopaganas, tiene que ver con los ángeles y otras entidades judeo-cristianas, consideradas como intermediarias entre la divinidad y el hombre.
Quienes aceptan como viable el hecho de que algunos "paganos" crean en los ángeles cristianos, aducen que, como estos últimos vienen a llenar el vacío generado por la creencia en un único dios y, además, tienen relación remota con los panteones antiguos, la mezcla o asimilación resulta natural. Sin embargo, tal "parentesco" con lo ancestral, no tiene que ver con los valores éticos, las nociones teológicas o metafísicas; ni tampoco con una visión general de la vida.
El Cristianismo, en la traumática evolución que sufrió durante el primer milenio, asimiló en gran medida la faz iconográfica y unos pocos atributos externos de los dioses, convirtiendo a estos en ángeles y santos imaginarios o bien trasladando dichas características a los héroes de su fe (1). No obstante, en el proceso, quito todo lo valioso y significativo de las nociones religiosas que, originalmente, les dieron forma.
Casi todas las culturas que desarrollaron religiones complejas y evolucionadas, concibieron en sus panteones y mitologías a seres definibles como deidades menores o subsidiarias. A veces, eran entidades inmortales que llevaban a cabo tareas de algún tipo en particular, dentro del devenir cósmico. Este hecho hace pensar en los ángeles cristianos, pero el parecido es solo externo o morfológico. Las cualidades y atributos teológicos de estos últimos son totalmente incompatibles con las creencias paganas fundamentales, por lo que no pueden ser absorbidos dentro de una tradición formal o un esquema de culto particular, sin caer en conflictos e incongruencias.
Es aceptado por la mayoría de los académicos que algunos de los atributos iconográficos y teológicos de los ángeles y seres análogos, son derivados de las características de los antiguos dioses. Hay consenso en la idea de que durante el destierro en Babilonia (2), los judíos asimilaron estas ideas de los nativos de la ciudad y sobre todo de los persas mazdeos, que estaban en contacto directo con ellos. También es probable que, ya dentro del Cristianismo, se dieran sincretismos con los dioses y seres mitológicos del Antiguo Egipto, en particular en el marco del contexto alejandrino (3).
Tales consideraciones, solo tienen un interés antropológico, no pueden ser causa de validación de los sistemas de creencias neopaganos que abordan a los ángeles como a entidades inherentes a su "fauna metafísica". Las mismas no implican que los ángeles sean equivalentes judeo-cristianos de los dioses, dado que en estos seres, la misma naturaleza divina ha desaparecido, al igual que todo tipo de regencia autónoma de alguna fuerza natural, aspecto de la vida humana o "reino". Está claro que los ángeles llegaron a ocupar, en parte (4), el vacío teológico y psicológico que produjo la desaparición del culto a los antiguos dioses, pero ello no presupone definirlos como sus equivalentes, sino como sus "herederos" en el ámbito de los mitos y la creencia popular de Occidente.
Incompatibilidades Teológicas:
En el A.T. y en la literatura apócrifa hebrea (5), los ángeles son seres ejecutores de las órdenes y la voluntad de Yãhwêh (6). En ningún caso, salvo cuando se vuelven sus adversarios -como ocurre con el mito de Satán (7) y sus huestes-, fomentan eventos por su cuenta o son promotores de acciones humanas por propia voluntad. Al contrario de lo anterior, los dioses del Paganismo, tienen sus propios planes para el Hombre, la Naturaleza y el Universo, así como también no suelen conjugar su voluntad con la de las demás deidades o con algún dios supremo, si es que existe dentro de la mitología inherente.
Según la teología cristiana los ángeles son seres incorpóreos, subordinados al [único] dios Padre con potestades concedidas por éste, como por ejemplo el carácter de "Mensajero" del Arcángel Gabriel -para cristianos y musulmanes (8)-. A la inversa, los dioses y entidades metafísicas del Paganismo poseen características definidas, son independientes y solo responden a otras divinidades en un status de igualdad. Cualquier subordinación a deidades superiores es circunstancial o bien relativa a su ámbito de acción (9), jamás constituye una condición permanente.
Se cree que los ángeles son seres uniformes, no se conocen varias clases (10) de ellos y menos aun diferencias individuales. Pese a los intentos de algunos teólogos y esotéricos por definir sus funciones y atributos basándose en los nombres con que se alude a ellos en los textos bíblicos, jamás existió consenso sobre el tema y menos aún, tales definiciones, se arraigaron en las creencias populares. Salvo por algunos con nombres propios citados en la literatura judeo-cristiana e islámica, en el contexto de las fábulas moralizadoras, siempre se habla de "coros", legiones o grupos de ángeles más que de individuos (11).
En el Paganismo, a veces los "espíritus" o entidades naturales -como los elfos o las hadas (12)- no tienen un nombre propio, pero siempre se trata de individuos específicos, protagonistas de un mito o episodio legendario. En dichas tradiciones, no se produce la "masificación". La misma se origina en la pretensión de que todos los seres son servidores de un ser supremo -idea refractaria al Paganismo.
Los ángeles son creados y limitados, siempre obedientes de la divinidad única y no poseen la prerrogativa de obrar por su cuenta o de generar fenómenos en el mundo material o espiritual. Al contrario, todos los tipos de entidades que conforman los "ecosistemas" metafísicos ancestrales son relativamente autónomas, independientes y con frecuencia anteceden a los grandes dioses.
Por otro lado, los dioses son increados, auto-creados o bien engendrados, nunca "creados" en serie por un demiurgo a la manera de una especie; son arquetípicos, poseyendo cada uno, una rica mitología y simbología; y jamás pueden ser englobados o uniformados de manera alguna. Si bien su poder tiene un límite cualitativo -cada uno ejerce cierto tipo de potestad sobre algún ámbito del Cosmos-, no tienen límite cuantitativo y no le deben obediencia a ningún otro ser. Más allá del respeto y el temor, que se supone, le tienen a los dioses "superiores" a ellos mismos (13), cada uno en su esfera de acción es omnipotente.
Cualquiera sea la concepción que las tradiciones monoteístas tengan de las jerarquías de seres celestiales, siempre se trata de estructuras rígidas, invariables y predecibles. Salvo por los mitos de "ángeles caídos", que por estarlo, perdieron todo interés a nivel del culto y son despreciados por los fieles en general, nada cambia en el esquema cósmico desde su creación.
Por el contrario, en el Paganismo, todos los roles y jerarquías son mutables, cambian y se renuevan según los ciclos y estadios. Los mitos y símbolos se reciclan en forma parecida a como ocurre en la Naturaleza con todas las formas de vida. El hecho de que se asuma la Evolución en vez de la Creación, llevada a cabo por algún dios supremo, presenta a los planos de existencia espiritual como "ecosistemas" evolucionando e interactuando constantemente (14).
Otro aspecto equívoco en la noción de los "ángeles", desde el punto de vista pagano, es que estos seres presentan cierta ingenuidad, obedecen las tradicionales "virtudes" (15), son "puros" y jamás transgreden las leyes de su dios. Incluso en los casos de los "ángeles caídos" el esquema es simplista y polar, al considerarlos la fuente del mal y detentadores de todos los vicios y errores. Esta característica maniquea (16), heredada a los judíos y luego a los cristianos desde el Mazdeísmo persa y más tarde por sincretismo con la doctrina de Mani (17), tampoco se condice con el naturalismo pagano y su noción de la inexistencia de un bien y un mal absolutos.
Por estas, entre otras razones, los "ángeles" no encajan ni en la idea de considerar a los dioses como entidades celestiales subsidiarias o "vasallas" de un dios supremo, ni con la noción de que "debajo de los dioses" están los ángeles y que son ellos los que interactúan con los mortales. Ambas creencias son improcedentes para el Paganismo.
La Magia y el Culto de los Ángeles:
Además de las incompatibilidades teológicas, hay que tener en cuenta que la tendencia de rendir culto a los ángeles tiene más que ver con los movimientos “new age” y cierto tipo de misticismo moderno, que con la teología y la tradición judeo-cristiana. Ni en el Judaísmo, ni en ninguna de las iglesias cristianas se acepta el culto a los ángeles. Al ser considerados "servidores de Dios", se los suele respetar y evocar, pero nunca adorar.
En las últimas décadas, se ha generado una especie de moda respecto del culto angélico y la misma ha llegado al paganismo "blando" de la mano de la New Age. Pese a esto, debería estar claro que no hay lugar para servidores de un dios único y autócrata en un culto donde se adoran -por antonomasia- a una pluralidad de deidades.
Algunas creencias relativas a los ángeles, pueden -si se las saca del contexto cristiano- ser abordadas por el Paganismo con cierta garantía de que, en realidad, se está redescubriendo un concepto ancestral, perdido o eclipsado por dicha religión. Tal es el caso de los "ángeles de la guarda", que tienen sus antecedentes en los "deamons" griegos -ver el ejemplo de Sócrates- y en el concepto alejandrino de la Teurgia -ver obras de Jámblico (18)-. Otro caso puede ser la idea de los ángeles encargados de preservar la Naturaleza y sus formas de vida, análogos a las formas espirituales celtas y nórdicas que cumplían la misma misión (19).
Pero de nuevo, surge el mismo problema: no tiene mayor sentido aludir a la versión reciclada, tergiversada y sincrética con creencias ajenas al Paganismo que ofrece la tradición judeo-cristiana, cuando está disponible la fuente original, más auténtica, profunda y coherente con el resto de las ideas ancestrales.
La creencia en ángeles, no es en sí misma opuesta a las bases del Paganismo, pero sí las implicaciones de aceptar la existencia de tales seres. Tal como se los presenta en la tradición judeo-cristiana, es opuesta al panteísmo y al politeísmo, que son puntos teológicos excluyentes para las tradiciones paganas. El culto a una raza de seres servidores de un dios monárquico, paternalista y unívoco no puede reconciliarse con la fe en una vastedad de deidades cósmicas -politeísmo- o bien, con la de una entidad trascendente -panteísmo-, que sin ser nada, lo es y compenetra todo.
Entre grupos ocultistas, es común la práctica de rituales invocando o evocando a los ángeles y entidades similares. Con frecuencia, se centra la atención en los nombres de arcángeles aportados por la Biblia y los libros apócrifos, así como también de la tradición cabalística hebrea. Este tipo de magia es incongruente con la misma tradición judeo-cristiana, ya que universalmente se postula que los ángeles son servidores de la divinidad e incapaces de llevar a cabo actos por propia cuenta. Según esto, carecen de la capacidad de ayudar al hombre y propiciar sus deseos de manera inconsulta respecto de su "dios y señor", por lo que la magia "angélica" resulta en un paso intermedio que se puede omitir, dado que siempre se terminará enfocando la cuestión en la divinidad -para el caso, en el dios bíblico-.
Para los paganos, la falta de lógica de este tipo de creencias es aún mayor. Resulta absurdo recurrir a entidades encargadas de hacer cumplir la voluntad del dios bíblico, ya que la magia es en sí un acto de desafío para el mismo (20). La magia es una suerte de reclamo o bien un intercambio con las entidades espirituales, no es compatible con el culto a un ser divino que reclama absoluta sumisión y obediencia, ni con quienes se encargan de mantener tal estado de cosas. No todos los rituales paganos están enfocados en la magia y no todo acto mágico se enmarca en los panteones divinos, pero cuando esto ocurre, el intercambio se da con naturalidad, sin temor o sumisión, sino con un sentido de armonía y pertenencia. Esto no ocurre ni puede ocurrir jamás en las formas de culto judeo-cristianas, por lo que cualquier "magia angélica" queda fuera del contexto pagano e incluso resulta chocante para nuestro modo de pensar y sentir la vida.
Serafines, Querubines y Otras Formas Híbridas:
Las formas híbridas y zoomórficas de la mitología judeo-cristiana, son las que con mayor claridad tienen raíces paganas. Sin embargo, el hecho de que los rabinos judíos y teólogos cristianos se dedicaran a catalogar, definir y perfilar a estos seres dentro de los mitos y conceptos escatológicos que conformaban sus dogmas puede tener varias lecturas.
Se cree que en primera instancia, el abordar a tales personajes e integrarlos a su universo de seres celestiales, sirvió para denigrar y minimizar a los dioses de los panteones ancestrales, así como también lograr una transición ideológica menos traumática para las masas a las que se pretendía convertir.
Ya desde la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, se deja en claro la sumisión de estos seres al dios supremo. Los paganos que ven en esta cosmovisión a una especie de politeísmo encubierto, equivocan su punto de vista, ya que la intención de los teólogos fue exactamente la contraria: Destruir la idea de deidades múltiples asimilando la morfología y los atributos externos de las mismas; a la vez de descartar su significación teológica, ética y escatológica. De esa forma, el culto popular seguiría siendo similar -a nivel estético y visual-, pero su sentido y finalidad absolutamente diferente. Se satisfacía la pluralidad celestial que las masas requerían de manera instintiva, pero sin que la misma tuviera peso o significación en la nueva teología. Esta es una de las razones más importantes para repudiar el sincretismo pagano-angélico21.
En los cultos grecorromanos, el lugar intermedio entre dioses y hombres lo ocupan los deamons o espíritus de la naturaleza. Tales seres, son independientes de la voluntad o potestad divina y forman parte del orden cósmico al igual que todos los demás seres. Claro está, no es fácil para un neopagano, recién iniciado, el entender que si desea o necesita enfocar su atención en entidades mediatas, debe hacerlo a través de los "demonios" (de "su demonio" particular) y no de los ángeles. Los primeros le fueron presentados e inculcados desde su niñez, como sinónimo de maldad y perversión, mientras que los segundos como la fuente y origen de toda virtud, luz y bendición.
Justamente, el descreer en la existencia de seres diabólicos es una de las primeras modificaciones del propio sistema de creencias, necesarias para toda persona que pretenda abordar el Paganismo. Cualquier clase de entidad intermedia solo puede ser vislumbrada como una forma de existencia más, sin cualidades apriorísticas o conductas predeterminadas respecto de los dioses -o de algún dios-. En todo caso, para la visión pagana, ángeles y demonios son la misma cosa: Es decir, el vestigio de cultos ancestrales, unos entronizados y otros diabolizados para el beneficio de una particular ideología. Ni pueden ser confundidos con los dioses, ni pueden revestir mayor interés que éstos dentro del culto, el acto mágico o la simple adoración.
En las diferentes tradiciones paganas, las "faunas" que pueblan el Inframundo, los Cielos y los lugares significativos de la Tierra (22) son de variada naturaleza. Cada cultura tiene un bagaje de nombres para los mismos, pero en ningún caso existe nada parecido a los "ángeles" ni fonética ni semánticamente.
Causas Psicológicas:
Parece ser que a la par de la inercia que se puede apreciar en muchos neopaganos, incapaces de desentenderse de todas las nociones de su creencia natal -casi siempre el Cristianismo en alguna de sus formas-. También hay una suerte de debilidad de carácter que hace que muchos prefieran entidades abstractas, sin variabilidad en su conducta y absolutamente enmarcadas en el "bien" y la "pureza", entendidas estas como lo hace el Cristianismo.
Esto es, sin duda, porque existe cierta culpa por el abandono de la fe natal y también una suerte de temor o falta de compromiso -o de valentía- para afrontar los cambios éticos y conductuales inherentes a dicha conversión.
Los ángeles, representaron por siglos a los guardianes de los planos de existencia, a aquellos seres que ejecutaban las órdenes de su dios, tanto para premiar como para castigar a los mortales. Es difícil lograr desentenderse de todo ese peso, radicado en la memoria colectiva y en el contexto cultural occidental y regresar a las ideas menos estructuradas pero más naturales que ofrece la teología y mitología ancestral.
Cualquier estadio intermedio entre la profesión de fe de alguna de las "religiones reveladas" y una determinada tradición pagana, es respetable y entendible. No es simple ni fácil una conversión total que conlleve una completa coherencia teológica y filosófica. Sin embargo, estas fases intermedias no pueden ser defendidas como creencias plausibles ni se puede hacer apología de la falta de claridad espiritual, tal como si se abordara de lleno una tradición específica. Quienes tengan convicción en la mitología judeo-cristiana, deben asumir que todavía siguen siendo fieles a la misma y no pretender una condición que no tienen: la de paganos.
No obstante, es preciso puntualizar, que todas estas consideraciones no afectan la trascendencia, relevancia y legítima espiritualidad de la escatología judeo-cristiana. El hecho de que una creencia no sea compatible con el Paganismo, no la hace menos valiosa o significativa para quienes tienen fe en ella. Además, todo verdadero pagano, debe tener como valor esencial el respeto y la tolerancia hacia todos los que profesen creencias disímiles a la suya. Aquí solo se trata de dejar en claro que, la creencia en "ángeles" no es ni operativa ni coherente para el pagano que toma en serio a su religión.
La Cuestión Moral:
Además de los puntos descriptos, existen irreconciliables nociones éticas que derivan de la creencia en seres "angélicos" respecto del Paganismo.
Si se acepta que existen ángeles protectores o guardianes "de lo bueno" o de "la voluntad" de un determinado dios, desaparece la base ética central del Paganismo, cual es la de la propia responsabilidad. No se puede ser responsable de los propios actos si existen seres que, constantemente, presionan al individuo para que haga el bien o el mal (23) sin que éste se de plena cuenta de ello; peor aún, si hay una "divina providencia" que determinó de antemano su destino. Tampoco puede existir el (Karma) o la Ley de Retribución como un mecanismo inmanente en la Naturaleza, si la tarea de castigar, premiar, proteger y atacar a los seres vivos es llevada a cabo por "enviados" o emisarios de una deidad en particular.
Ni siquiera la idea de que estos seres pasan su tiempo "vigilando" a los mortales, observando que hacen y reportándolo a la divinidad, es un concepto lógico para el Paganismo. Incluso, puede decirse que se trata de una creencia popular -casi una superstición-, que contradice la propia teología cristiana ya que colisiona con la idea de omnipresencia y omnisciencia divina (24).
El Karma o Ley de Retribución, no es algo que funcione discrecionalmente, según los deseos o la voluntad de ningún ser. Las acciones de los mortales no necesitan ser observadas y mensuradas para recibir a cambio lo que le corresponda, es la propia Naturaleza la que se encarga de ello por la mecánica e inexorable aplicación de sus leyes.
Esto puede pensarse de dos formas: Que los dioses garantizan o preservan la retribución automática y universal en un nivel trascendente, sin que medien mecanismos triviales en el proceso o como una ley absolutamente natural, que opera de manera inconsciente. Pero en ninguno de los dos casos, es posible conciliar la idea con la de legiones de ángeles que interactuan con el mundo para hacer cumplir la "voluntad divina".
Tampoco la misión de "mensajeros" del dios atribuida a estos seres, es conciliable con el Paganismo. El pagano tiene trato directo, casi íntimo, con sus dioses. A veces, los mismos pueden manifestarse en forma velada, otras evidente. Sin embargo, tal como lo narran los mitos ancestrales de todas las tradiciones, son ellos mismos los que "comunican" el mensaje, sin intermediarios o prolegómenos (25).
No obstante, queda claro que si se despoja a los ángeles de tales roles, dejan de existir las incongruencias doctrinales, pero al mismo tiempo desaparece la noción capital que hace a su naturaleza tradicional. Si se piensa en una entidad espiritual que no cumple funciones ni de mensajero, ni de vigilante, ni de protector de los "vivos", simplemente no se está pensando en los ángeles judeo-cristianos. Por lo cual, si un pagano creen en "ángeles" que no intervienen en el devenir conductual del Hombre ni alteran su destino, en realidad estaría creyendo en otra cosa y haría bien en precisar su terminología.
Otro punto más sutil, pero no menos importante, es el hecho de que la relación entre los dioses y los mortales, se da en forma directa y espontánea dentro de las tradiciones paganas. Cualquier tipo de "intermediario" o intercesor26 sale sobrando. Ya sea que se trate de dioses misericordiosos y propicios, caso en que el rito y la oración es suficiente para lograr relacionarse con ellos o bien hostiles, ocasión en que el pagano se valdrá de la magia y el sacrificio, no hay necesidad de mediaciones o intercesores. Esto es porque en las tradiciones ancestrales, solo se rinde culto a los dioses cercanos a la Naturaleza y al Hombre -las deidades absolutas o abstractas son respetadas, pero rara vez reciben culto-. Si tal acción, no ocasionar una reacción de la contraparte divina, como diría Epicuro, la misma carece de sentido.
En muchas creencias paganas, los dioses intervienen en el destino de los hombres. En ocasiones mediante intermediarios no-divinos, pero no al estilo bíblico, donde los ángeles existen casi expresamente para tales fines. Incluso, la diferencia más importante, tiene que ver con que la forma y propósito de la intervención en sí. Si bien el azar cósmico (27) da lugar a la creencia en esporádicas intervenciones de los dioses en el devenir del destino humano, los paganos no aceptan la "Providencia", simplemente no va con su forma de ver el mundo. Las injusticias del mismo y su imprevisibilidad, dejan en claro que los seres mortales deben ocuparse de sus vidas sin esperar "milagros" o ayuda constante de parte de lo divino.
Entonces, si no existe la Providencia Divina (28) y no hay una intervención sistemática de los dioses en el plano humano, no tiene sentido pensar en una raza de seres espirituales, creados y/o designados para cumplir semejante tarea.
Paganismo y Ángeles "New Age":
En las últimas décadas, dentro del contexto de las sociedades occidentales, se ha desarrollado una noción del "mundo angélico" que responde a los anhelos y ansiedades de la clase media-alta de los países desarrollados. Tiene más que ver con la pseudo-espiritualidad new age, que con sus raíces cristianas.
Estos "seres" son concebidos como entidades intervencionistas, a veces invisibles, a veces vislumbradas por sus beneficiarios y otras, manifestadas como algún tipo de ser físico: personas, animales, o entidades misteriosas. Vale decir, supuestamente, cualquier cosa es o puede ser la manifestación de un "ángel". Ninguna escuela teológica "oficial" hace eco de tales ideas, pero la difusión de este tipo de creencias ha penetrado también al Paganismo y volcado en él nociones de seres que "salvan" a los humanos de momentos difíciles, los curan, los protegen e interceden por ellos.
Está claro, por las razones antes mencionadas, que ni la versión medieval de los ángeles, ni la new age es compatible con el concepto pagano de lo que es el mundo espiritual. No obstante, esta nueva visión, es todavía más problemática, ya que se amolda a una forma de pensar trivial, mojigata y poco comprometida con la Naturaleza y sus inmutables leyes.
Por la misma razón que el pagano no cree en milagros, ni reza a un dios "todopoderoso", tampoco puede concebir a ángeles "custodios" o "protectores" de ningún tipo. Por el contrario, su pensar es que cada quien debe cuidarse a sí mismo; que la Madre Naturaleza se encarga de proteger a todos sus hijos sin que por ello haga excepciones en el cumplimiento de sus leyes y que solo los seres divinos son dignos de adoración.-
N O T A S
1.- Es decir, los personajes históricamente reales que fueron canonizados por la Iglesia Católica o bien, elevados a la categoría de beatos, venerables, etc.
2.- Entre los años 586 y 538 a.C.
3.- El ejemplo más famoso y evidente, es aquel de la "Virgen María y el Niño Jesús" -en su forma de icono bizantino- que derivó directamente de la imagen egipcia de Harpócrates -nombre griego para Horus Niño- en brazos de su madre, la diosa Isis. En algunos casos, se llegó a utilizar los mismos bajorrelieves con la previa "bendición" y cristianización llevada a cabo por los mismo usurpadores. Más tarde, el icono se conocería como Theotokos, que en griego significa literalmente: "Madre de Dios", título análogo al que se le daba a Isis en durante el período grecorromano.
4.- También los santos de la Iglesia, ya fueran estos históricos o legendarios, canónicos o validados por devociones populares, hicieron otro tanto.
5.- Por ejemplo en el Libro de Henoch.
6.- Yãhwêh, Dios de los hebreos, posteriormente convertido en la primera persona de la "Santísima Trinidad" Cristiana.
7.- Ángel adversario del dios bíblico.
8.- cf. Corán (Al Bacara) 2:97-98 y (At Tahrim) 66:4; también, Ev. de Lucas 1:19 y 1:26.
9.- Por ejemplo, en la tradición del Antiguo Egipto, Shu -dios de la Luz o del "Aire Luminoso"- estaba subordinado a Râ [el Sol]. Sin embargo, ello no implicaba que Shu fuera siervo de Râ, sino más bien el regente de una de las manifestaciones de aquel.
10.- Judíos y cristianos han desarrollado lo que se denomina "angelología", es decir, el estudio de la naturaleza de los ángeles. Una creencia común, dentro de esa disciplina, es la división en categorías y subcategorías a las cuales denominan "coros" -apelativo que data de tiempos medievales.
Por lo general, se divide a los coros en tres categorías, cada una con tres grupos: La primera sería la de los serafines, querubines y "tronos"; la segunda de las "denominaciones", "potestades" y "virtudes" y la tercera, de los "principados", arcángeles y ángeles.
Esta variedad de grupos parece análoga a la que presentan los panteones de dioses menores y los bestiarios paganos. Sin embargo, las mismas no son más que una estructura conceptual creada a partir de recolectar los nombres bíblicos que se le dan a estos seres; en nada explican sus funciones, sus diferencias morfológicas o sus regencias, ni tampoco reflejan algún tipo de correspondencia con las raíces politeístas de tales entidades.
Por el contrario, en el Paganismo, suelen definirse específicamente los atributos de cada tipo de ser o entidad y tales nociones no surgen de la mente afiebrada de algún teólogo, sino del folclore y la mitología popular -única fuente legítima y natural de los mitos y símbolos.
Hay que aclarar que existe abundante literatura que trata de definir funciones, regencias y atributos de los ángeles. Sin embargo, la misma es de tipo marginal, porque surge de escuelas ocultistas, cabalísticas o místicas tardías, sin representación -ya sea eclesial o secular- ni raigambre en la tradición que pretenden explicar.
11.- Los únicos "nombres propios" relacionados con ángeles que se pueden leer en los textos bíblicos son los de Miguel, Gabriel y Rafael, tres "arcángeles" que llegaron a ser significativos en la iconografía y escatología cristiana. De todas formas, son excepciones que confirman la regla de anonimato y masificación bíblica en lo que concierne a estos seres, ya que existen decenas de pasajes donde uno o varios ángeles protagonizan la escena y casi nunca se los nomina o identifica en forma alguna.
12.- Dentro de la mitología nórdica y sus derivaciones.
13.- Ver los mitos olímpicos, por ejemplo.
14.- Dos ejemplos clásicos de esto son la caída de los Titanes y el reinado de los dioses del Olímpo en el mundo (entre los griegos) y el futuro "Ocaso de los Dioses" o Ragnarok (entre los nórdicos). En las religiones "reveladas" o monoteístas, "Dios" siempre existió y jamás tomó el lugar de entidad suprema a través de la victoria sobre otro ser, tampoco se extinguirá jamás. Lo mismo ocurre con sus "servidores", es decir con los ángeles y seres afines.
15.- En la doctrina católica -que es la más adepta a la veneración de los ángeles- las virtudes más importantes son las "teologales", o sea, la Fe, la Esperanza y la Caridad (en gran medida concebidas a partir de las epístolas paulinas del N.T.). Los ángeles, defienden y promueven a las mismas, tratando de que los hombres las practiquen. Claramente, estas virtudes no se corresponden con el ideal ético y conductual del Paganismo, por lo que si un pagano creyera en los ángeles, aun así, no les debería rendir culto.
16.- Maniqueísmo.
17.- Místico persa (h. 216 al 276 d.C.), fundador del Maniqueísmo.
18.- Jámblico (h. 250 al 330 d.C.). Filósofo sirio de la escuela neoplatónica.
19.- Duendes, elfos, gnomos, hadas, etc.
20.- Para los judíos, cristianos y musulmanes, todo acto mágico o ritual propiciatorio es en sí mismo un grave "pecado" y un desafío a la voluntad de su dios. El poder, la "energía" y los conjuros mágicos en sí, se consideran como de origen demoníaco. Por esta razón, el ejercicio de la Magia está prohibido en muchos pasajes de las escrituras bíblicas y coránicas.
21.- Es decir, porque en parte nació de la manipulación y de la intención de denigrar a los dioses mismos.
23.- La fantasía popular de un ángel bueno y uno malo, aconsejando a los hombres mediante susurros en sus oídos, a cada paso de sus vidas, puede hoy en día ser material de cuentos infantiles, pero era una idea muy acendrada entre los cristianos hasta hace pocas décadas.
24.- Un dios que "todo lo sabe" y "todo lo ve", que está presente en todas partes, no necesita un ejército de seres que vigilen el Universo por él.
25.- En algunos casos había deidades encargadas específicamente para tal función, como Hermes / Mercurio en el panteón grecorromano, pero rara vez se creía en una categoría de seres que existían solo para tal fin.
26.- Como es el caso de los ángeles, santos y de la Virgen María, dentro de la religión católica.
27.- Dado que muchos eventos son azarosos y que el Azar es aceptado como una fuerza real por la propia Ciencia, existe margen para que las cosas sean afectadas por poderes superiores sin violentar las leyes naturales.
28.- La "Providencia Divina" es la creencia cristiana en que su dios tiene un plan para el mundo y cada una de sus criaturas. La Iglesia siempre se ha opuesto tanto al fatalismo determinista como al azar ontológico porque va contra su idea del Libre Albedrío y de la Redención. Con el tiempo, perfiló la idea de la Providencia para poder compatibilizar la noción de que cada quien "toma la decisión" de salvarse o condenarse y que al mismo tiempo, Dios interviene constantemente en la vida del Hombre. Se trata de una noción híbrida entre el designio fatalista de los dioses y la absoluta libertad de los mortales. Ninguna de estas tres instancias tiene sentido para la visión pagana de la vida.
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Autor: Oscar Carlos Cortelezzi
Quisiera saber quien es el responsable de esta página y con que autorización han copiado mi artículo de uno de los portales que administro y pegado en este blog.
En principio, podriamos haber pautado el uso del mismo, pero tal cosa deberia ser aclarada en forma previa a la publicación no autorizada del texto.
Creo haber dejado en claro en todas las páginas que publico, que los articulos de mi autoría tienen derechos de autor y están protegidos por las leyes internacionales de copyright.
Por favor, comuníquese conmigo para aclarar este mal entendido, de otro modo deberé contactar al servicio de hosting que hospeda este blog y pedir que se retire el material de manera fáctica.
Atte.
Prof. Oscar Carlos Cortelezzi
Buenos Aires - Rep. Argentina
(07 de Agosto de 2008).
Fecha: 08/08/2008 01:11.